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"El mejor de los hombres es semejante al agua, la cual beneficia a todas las cosas, sin ser contenida por ninguna, fluye por lugares que otros desdeñan..." (Tao te ching)

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Células anudadas


Hace poco tiempo una buena amiga me descubrió una fantástica charla TED en la que el conferenciante reflexionaba sobre lo que somos en realidad, el porque sufrimos tanto y el porque jamás nos sentimos satisfechos con lo que tenemos.

Lo curioso de esta charla es que no proviene de ningún sociólogo, filósofo, escritor o pensador espiritual, sino de un científico que basa sus reflexiones en hechos probados.

Sus reflexiones versan sobre el hecho de que todos nosotros somos comunidades de células, y en cada célula somos átomos, y entre cada uno de ellos hay solo energía, por tanto todos somos energía, una compleja y maravillosa estructura de energía.

Si sabemos que esto es verdad desde un punto de vista científico por qué no lo sentimos así?

Jeff Lieberman dice que estamos distraídos por los niveles humanos de nuestra experiencia y nos es imposible ver más allá de ellos. Nos pasamos la vida proyectando vidas paralelas en nuestra cabeza que no existen realmente y que probablemente jamás se materializarán.  No somos capaces de controlar nuestra mente, ansiedad, celos, preocupaciones, stress, todo aquello que proviene de nuestra psique pero que no existe realmente en el mundo físico.

Cuando y cómo podemos sentir esa energía de la que estamos hechos?

Según Jeff Lieberman esto debería ocurrir siempre, es decir, si estamos hechos de energía, y energía es todo lo que nos rodea, deberíamos fundirnos en esa sensación y entonces poder ser conscientes de quien o qué somos en realidad y el lugar que ocupamos en el mundo.

A mi se me hace muy difícil pensar que esto se pueda conseguir, de hecho muchas veces pienso que es una más de tantas teorías espirituales que nos intentan colar con calzador, pero siempre llega un momento de intensidad máxima en el que mi cuerpo y mi cabeza son uno y vuelvo a dudar.

Mi teoría es que nuestras células hablan con nosotros, se relacionan entre si y con las células del entorno, provocando reacciones en cadena que desatan nuestros sentimientos y sensaciones más reales, aquellas que no provienen de nuestra cabeza sino de nuestra energía más pura y única. Quien no ha sentido esa sensación increíble al abrazarse a un ser amado, sin mediar palabra, simplemente sintiendo la piel de la otra persona, sincronizándose con su calor corporal, notando su corazón latiendo prácticamente dentro de nuestro cuerpo, o al sumerger la mano en un arroyo en medio de la montaña, o simplemente al contemplar el cielo notando la brisa en nuestras caras.

Es en esos momentos cuando creo que nuestras células se están anudando a las células de la otra persona o del entorno, y esa unión es la que hace que sintamos esa energía única e indescriptible, esos momentos en los que no hay división mente/cuerpo sino un solo ser fundido con el entorno fluyendo con naturalidad y una verdad que no se puede explicar pero se siente con más fuerza que ninguna otra.

En instantes así recuerdo esta charla y vuelvo a creer que en verdad somos energía en movimiento y constante transformación a la espera de fluir y entrelazarse con la energía que nos rodea.

Vale la pena escuchar la charla de Jeff Lieberman, 15 minutos de pura energía y pasión.

 

Instantes fugaces


Lunes, me levanto con el cuerpo pesado y la pereza de quien sabe que la semana no ha hecho más que empezar. Es solo una semana más, nada especial o extraordinario me espera al cabo de los 7 días que habrán de sucederse, es simple y llanamente una semana ordinaria en medio de un mes ordinario de un año ordinario de mi vida.

Seguramente todos y cada uno de nosotros pensamos esto cada lunes de nuestras vidas, o mejor dicho, no lo pensamos, simplemente es una asunción adherida a nuestro ADN, forjado a base de muchas semanas indistintas como esta.

La vida es engaño y apariencia, la realidad no es la que vemos, olemos o escuchamos, es ese algo imperceptible del que se nutren nuestras almas y nuestros corazones, es esa mirada callada a la persona que queremos, ese abrazo a un amigo sin más razón que las ganas de demostrarle que nos importa, es ese ayudar a quien se cae a levantarse, en realidad son todos esos instantes fugaces de verdadera realidad, aquella que solo podemos sentir dentro nuestro como una descarga que sacude ese motor invisible de las emociones.

Los buenos momentos se podrían contar por cientos o miles si tuviéramos el valor de acogerlos con los brazos abiertos, sin embargo parecemos programados para ignorarlos con la apatía de quien vive deambulando de un lado a otro, movidos por la inercia de los acontecimientos que nos envuelven en esa niebla espesa de lo cotidiano.

Cada día es un desperdicio inimaginable de oportunidades, de encuentros con gente especial que enriquecerían nuestras vidas, y todo por esa opacidad que se ha adueñado de nuestra espontaneidad, hasta tal punto que ya ni somos conscientes de que ésta sigue ahí, latente, en un estado de coma inducido por nuestra propia ceguera sentimental y afectiva.

Muchos de nosotros nos movemos por las ciudades y pueblos del mundo con transporte público, compartiendo espacio y tiempo con miles de personas, todas ellas indiferentes a nuestros ojos pero singulares y únicas en su esencia. Probablemente cada día creemos detectar en alguna de ellas algo especial, ya sea una mirada, un olor, una esencia extraña pero cautivadora a la vez, son pequeños enamoramientos transitorios, de un solo trayecto, pero intensos e irrepetibles cada uno de ellos.

Quien nos dice que todos y cada uno de esos instantes fugaces no podrían cambiar nuestras vidas de manera radical si los afrontáramos con la naturalidad de quien se encuentra por el camino porque está destinado a hacerlo? En vez de rehuir la mirada, el gesto y el alma a todos y cada uno de esos posibles momentos de verdadera realidad deberíamos lanzarnos a ellos con la emoción de quien siente que  la sangre le circula a un ritmo distinto y veloz, el ritmo de lo verdadero, el resto es velocidad con piloto automático, sencilla, fácil, pero inerte.

En el fondo vivir así nos asusta porque no estamos preparados para ello, nos deja sin límites de seguridad en los que sentir el confort de lo habitual, de aquello que conocemos y nos mantiene a flote en medio de la tormenta. Pero todas esas herramientas que nos han inculcado desde pequeños no son más que lastres que debemos ir dejando por el camino, pesadas cargas que no hacen más que ralentizar nuestra marcha y que nos impiden expresarnos con libertad, aquella con la que nacemos, con la que realmente estamos destinados a vivir, pero que se nos va mutilando con el paso de los años.

Así que no dudéis en disfrutar de todos y cada uno de esos maravillosos instantes fugaces, porque seguramente la felicidad no está en ninguno de ellos en particular, pero si en el cambio de actitud que os hará ver todos y cada uno de ellos como algo irrepetible y emocionante. 

cruce-de-miradas

La espera


Te espero con la calma de quien sabe que algún día vendrás. Quizá ya hayas pasado por mi vida y fui tan ciego que no te supe reconocer, pero el corazón me dice que no es así, que aún estás por venir, que sigues jugando al escondite conmigo de manera traviesa e infantil. Siento que cuando te vea sabré reconocerte, o por lo menos eso me gusta creer. Quizá espere en vano a que algo me diga en lo más profundo que eres tu, y no otra, la que tengo delante, pero mientras espero veo vagar por delante mío tímidos reflejos de tu figura, copias tan perfectas que me hacen dudar, sentir algo que debe parecerse a estar contigo pero que no lo es.

Realmente no puedo explicar que es estar contigo porque no te conozco, pero siento que si lo sé, que siempre lo he sabido, y eso es lo que atormenta cada paso que doy con quien no eres tú. Como si me fuera adentrando en el océano, cada vez más amenazador y oscuro, un vasto espacio de nada en el que perderse y sentirse aislado, rodeado por el líquido elemento y paralizado por su inmensidad, eso es estar sin ti, echarte de menos a pesar de no tener tu rostro en mi cabeza, aunque quizá si lo tenga, quizá siempre lo haya tenido y no lo haya sabido ver.

Eres una imagen dentro de mí, un escalofrío que nace en mi pecho y sacude mi brazo izquierdo hasta la punta de los dedos, un recuerdo de algo que no ha pasado y que sin embargo sé que pasará.

En mi afán por encontrarte resbalé muchas veces, confundí tu rostro con retratos inertes, lienzos que no fueron pintados para mí y sin embargo me enseñaron a saber esperar, a detenerme en medio de la muchedumbre enloquecida, a oír en silencio tu llegada, y aunque desearía que  ya hubieras llegado seguiré esperando, más paciente que nunca, y quizá por primera vez con la claridad de quien escucha tus pasos al fondo del pasillo acercándose irremediablemente.

Te espero.

La muerte, compañera cruel o sosegado vagón de cola?


Que tema tan complicado este de la muerte. La solemos ver como un tabú, algo de lo que es mejor no hablar por no llamar su atención. La muerte tal como la concebimos la mayor parte de occidentales es un punto final, algo desconocido que nos atemoriza durante toda nuestra vida.

Pasamos toda la vida recelando de ella aún sabiendo que es algo que llegará tarde o temprano, tratando de dilatar el momento, casi anhelando en secreto que no llegue nunca. Si algún día nos tiene que tocar esperamos que venga sigilosa, por la puerta de atrás, sin sufrimiento ni agonía.

Por qué se le tiene tanto miedo a la muerte?

Por qué le damos tantas vueltas a algo que sabemos con certeza que nos ocurrirá un día u otro?

Algunos dirán que es porque todo lo que desconocemos y no podemos llegar a controlar nos causa pánico y desequilibra nuestro ficticio control sobre las cosas. Es cierto, las personas en general tenemos pavor a todo aquello que desconocemos, y como  decía el maestro Yoda en “La Guerra de las Galaxias”… el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento… … y el sufrimiento lleva al lado oscuro.

Y es que tenemos la tendencia de asociar  lo desconocido con lo negativo, simplemente porque nos obliga a salir de nuestra esfera de confort, esa en la que conocemos cada olor y cada sabor, esa en la que nos sentimos en casa, protegidos del despiadado mundo de ahí fuera…a pesar de que ese mal entendido confort es muchas veces una trampa ilusoria creada por nuestras mentes, esas terribles carceleras que nos crean barrotes de oro a los que llamamos hogar pero que no dejan de ser una cárcel.

Pero que habría sido del mundo sin la gente inquieta, curiosa por conocer nuevas culturas, nuevos mundos, nuevos sabores y olores, nuevas gentes con las que compartir emociones y vivencias, en definitiva, gente que vive realmente porque está abierta a lo que el mundo le ofrece.

Esa gente es el motor de la vida porque está deseosa de fusionarse con el mundo tal como es, con una actitud vital que hace girar la rueda que da vida a este planeta nuestro.

Ellos y ellas encaran la muerte como un punto más del camino y no como el final de todo.

Hay alguien que tenga pruebas de que con la muerte se acaba el camino de manera definitiva?

En un mundo científico en el que todo se basa en evidencias tomadas como dogmas de fe lo único que se ha podido demostrar es que la muerte conlleva el fin de la actividad de nuestro cuerpo físico, nada más. Pero las personas somos mucho más que carne y hueso.

Somos corazón y somos alma, y esa es nuestra verdadera esencia. Lo demás es superfluo y acabará marchitándose en el invierno de nuestras vidas.

El alma es imperecedera, es quien somos en realidad y nos conecta con todo lo que nos rodea.

Cuantas veces habremos escuchado comentarios sobre algunas personas mayores del tipo.. “estás hecho un chaval”, o “tiene un espíritu joven increíble”…seguramente las habremos oído decenas de veces. Y es que en definitiva, el cuerpo puede estar arrugado y deteriorado pero el alma puede brillar más fuerte y vital que nunca ya que no tiene edad.

Por tanto, que es la muerte sino un paso más en el camino infinito de nuestras almas hacia ese lugar desconocido y remoto que algunos llaman paraíso, otros regiones superiores, edén o vuelta a la naturaleza.  Ese es el camino que todos debemos andar y descubrir por nosotros mismos, sin miedo y sin recelo, con una actitud de esperanza ante lo que vendrá en el futuro y con plena conciencia en el presente, el único tiempo que realmente existe.

La muerte física nos llegará a todos algún día y el apego que sentimos por las cosas y las personas hará que cuando le toque a alguien de nuestro alrededor sintamos pena y dolor, pero alguien me dijo que el apego no deja de ser una muestra más de egoísmo personal. El amor verdadero es aquél que se da sin esperar recibir nada a cambio, es ese que lo ofrece todo a los demás sin reservas, que asume que la vida es un ciclo unido a la muerte de manera intangible e indisoluble. Por eso mismo la muerte debemos concebirla como una etapa más, pero jamás como la meta o el precipicio a ninguna parte.

Como el yin y el yang, que donde empieza uno acaba el otro, la vida y la muerte forman una rueda que no cesa y gira en perfecta armonía.

Al final todos somos almas en busca de nuestro camino, con pieles, formas  y idiomas diferentes, pero con una misma esencia conectada al mundo, y eso es lo que de verdad importa.

Así que es mejor vivir sin miedos, complejos ni incertidumbres, son solo sombras que no existen más que en nuestras cabezas, la zona menos nuestra de nosotros mismos, porque qué somos sino alma y corazón?

Muerte sweet

La pasión, el motor de la vida


Hay instantes en la vida que se viven de una manera especial, son pequeños destellos de luz que iluminan nuestro universo y convierten el tiempo en un una variable sin sentido que se retuerce al compás de lo que estamos viviendo.

Esos momentos únicos son como tatuajes impresos en nuestra memoria cognitiva, emocional y sensorial, nos acompañan el resto de nuestras vidas, haciéndonos revivir lo sentido a pesar del transcurrir de los años.

La fuerza motriz de esos momentos es la pasión, esa silenciosa e invisible mano que graba a fuego el recuerdo imperecedero de lo vivido sin el control de la razón.

La pasión es junto al amor la fuerza más poderosa que existe, combinadas son capaces de cualquier cosa que se pueda imaginar y muchas de las que ni siquiera imaginamos. Pero como toda fuerza poderosa también tiene su reverso tenebroso. La pasión no es una cualidad inherente al bien ni al mal, y por tanto es capaz de elevarnos a las más altas cotas de pureza o llevarnos al más ardiente de los infiernos. Demasiados ejemplos de pasión desencaminada llenan los libros de historia.

Pero como vivir una vida sin pasión?

Hay gente que parece deambular de aquí para allá sin ningún atisbo de ilusión, sin ningún sobresalto más allá de su segura pero inerte rutina.

Es eso la vida? La vida es todo lo contrario.

La vida es el anhelo constante por descubrir, por sentir al máximo todo lo que hacemos y traspasar las fronteras de la realidad en la que estamos atrapados. Es ese instante en el que conoces a alguien especial y el corazón te da un vuelco al rozar su mano o besar sus labios.

La vida son todos esos momentos vividos con la sangre corriendo por las venas a toda velocidad, con una mezcla de arrebato y locura. Sólo esta es la que merece ser vivida y ansiada, el resto son burdas imitaciones de todo a 100, se parecen….pero no son lo mismo!

Esa vida es la que está enfrente de nuestras casas dispuesta a ser saboreada hasta la última gota, solo debemos ser valientes e ir a por ella.

La partitura de nuestra vida está por escribir, no importa la edad que tengamos ni el lugar donde nos encontremos, solo importa nuestra actitud ante el pentagrama de los días. Importan todas y cada una de las notas que escribamos en ella, incluso los oportunos silencios, pero sobretodo importa que la pluma trace una melodía que se nos meta en el cuerpo, que nos haga cerrar los ojos y volar a un mundo desconocido de fantasía, en el que lo imprevisible sea nuestra rutina y lo mágico nuestro cobijo.

No es por casualidad que siempre salga mejor aquello en lo que volcamos nuestra pasión. Nuestros mejores proyectos son siempre aquellos en los que ponemos ese punto incierto e indetectable más allá de nuestra mente, ese escalón de más que eleva la calidad de lo que hacemos hasta cotas que nuestra mente por si sola es incapaz de conseguir.

En el mundo falta más gente apasionada que destierre los miedos y los celos, que se atreva a soñar y a luchar por aquello en lo que cree con esa fuerza que nace en las entrañas y cuyo motor es el corazón.

Por qué que es la pasión sino la vida misma?

Passion

El Padrino


Hasta hace una semana todo lo que sabía de “el padrino” es que era un trilogía de culto, una de esas obras eternas que de vez en cuando asombran al mundo y permanece en la memoria de la gente. Quizá por ese peso que lleva consigo siempre me había dado mucho respeto, es como uno de esos volúmenes gruesos de Dostoievski o como el Ulises de James Joyce, los admiras hasta sin haberlos leído porque subyacen en la memoria colectiva de tanta gente que llegan a introducirse en la tuya sin necesidad de conocerlos directamente.

Siempre había pensado que mi momento para verla llegaría, de hecho tenía la trilogía en mi casa desde hace más de un año, cuidadosamente guardada en el cajón donde tengo todas mis películas. La joya se encontraba ya en casa pero el respeto que me imponía hacía que nunca encontrara el momento. Me gustará? No me gustará? No, no puede ser que no me guste….todo el mundo habla maravillas de las películas de Coppola, son una de las obras maestras del cine, por no decir la gran obra maestra, definitivamente no puede ser que no me guste. Cuando estás tan condicionado por la opinión global acerca de una película, libro o cualquier manifestaciñón artística solo haces que desvirtuar tu propia sensibilidad y acercarte a la obra con prejuicios positivos o negativos, lo cual, obviamente, desvirtúa tu opinión de la misma.

No sé porque motivo concreto la semana pasada decidí empezar a ver “el padrino” parte I, quizá me ayudó el hecho de haber visto que en la Paramount le estaban dedicando un ciclo de reemisiones o quizá simplemente algo dentro de mí me dijo que ahora era el momento.

No seré yo quien de una opinión de la película, me iría infinitamente grande el reto, solo puedo tratar de explicar lo que he ido sintiendo a lo largo de estos 7 maravilloso últimos días.

Cuando le di al play hace una semana sabía que estaba empezando a ver un trocito de historia, así que me puse cómodo y me dejé llevar, no hicieron falta más de 15 minutos para que todo lo que me rodeaba desapareciera, ni siquiera me di cuenta en ese momento, pero tenía la sensación de ser un Corleone más, o quizá no, quizá detestaba lo que eran y simplemente los odiaba, pero esa es una de las grandezas de esta trilogía, llegar a querer a unos personajes a pesar de odiarles, u odiarles a pesar de quererles…

Vito Corleone me impuso un respeto tremendo desde el principio, quizá será porque siempre he tenido mucho respeto por la típica figura del cabeza de familia a la antigua usanza, uno de esos hombres de antes, de espaldas anchas, gesto tranquilo y sosegado pero lleno de energía y determinación a la vez, con una voz grave que penetra hasta lo más profundo y una mirada inquisitiva que desnuda todos tus pensamientos.

Y luego todos sus hijos, Sonny, el impulsivo hijo mayor del Don, alguien con carisma, con esa arrebato pasional desenfrenado que se desboca si ve amenada la seguridad de la familia, porque que es sino “el padrino” entre otras cosas, una gigantesca y apoteósica Oda a la familia, ese núcleo en el que todo nace y muere, un lugar en el que sentirse protegido y amado o una trampa de la que es imposible escapar.
Fredo es ese alma en pena, en busca de una gloria que creía suya pero que el destino le arrebató para colocarle en un segundo plano que cree no merecer. Pero como no querer a Fredo…tan frágil y débil que sientes que es quien más protección y amor necesita.

Connie es un personaje que me fue atrapando con el paso del tiempo, la hermana que vive a la sombra de sus hermanos, en el papel que le tenían reservado a las mujeres en esa sociedad tan patriarcal. Alguien que irá evolucionando y encontrando su lugar al lado de Michael, llegando a conseguir un poder difícil de imaginar al principio de la primera parte.

Y como no, Michael, Don Michael Corleone, el sucesor de Don Vito, un Al Pacino tan brutal que te aplasta con su gesto, su mirada y sobretodo sus silencios. Michael es de esas personas que atemoriza más cuando te mira en silencio que cuando te habla, y ese es su verdadero poder y su gran atractivo.

Y que decir de ese estupendo Consigliere en las manos y rostro de Robert Duvall, alguien que es como un hermano, al lado de la familia en todo momento, con una fidelidad que los Corleone valoran por encima de cualquier otra actitud.

Cuando acabé de ver la primera película me sentí inquieto y sosegado a la vez, era de noche y mi comedor estaba en penumbra, casi como si fuera un plano más del despacho de Michael, su prolongación, inquietante y sereno a la vez. Me encantó el plano de la puerta cerrándose ante la mirada temerosa de Kay, sabedora de que su tragedia empezaba en ese instante, el mismo en que oficialmente empezaba la grandeza de Michael. Porque “el padrino” tiene sobretodo eso, multitud de momentos cumbre que se me han quedado grabados en la memoria como si fueran parte de mi propia historia.

En “el padrino” parte II la brutalidad de Michael se desborda con total libertad, pero es una brutalidad pasional y contenida a la vez, calculadora siempre, sabedora de su próximo movimiento.

Como no llorar por la muerte de Fredo en ese plano magistral con el hermano mayor recitando la salve y el hermano menor asumiendo su órden a través del ventanal, con la mirada fija y perdida, rebosando una serenidad de quien no perdona la traición pero asumiendo que ese momento le perseguirá toda su vida.

Y que decir de la música de Nino Rota y del padre del propio Coppola, otra obra maestra que te traslada a una Italia anclada en el pasado, llena de rencor y orgullo, con tintes de tragedia clásica, de perfume violento y pesado que te rodea y te nubla la conciencia. Esa música contiene todo lo que es “el padrino”, es “el padrino” en sí misma.

Con “el padrino” parte III se cierra el círculo, con un nuevo Don en la figura de un Andy García que parece la viva imagen de su padre Sonny y que va adquiriendo el ritmo pausado y calculador de su tío Michael.

Solo puedo decir que, aunque me lo esperaba, ver la tragedia en los ojos de Michael al sostener a su hija muerta me heló la sangre, es plano con Al Pacino gritando con la boca abierta mientras Anthony sostiene a su madre rota por el dolor es el epílogo perfecto a esta historia de crimen y amor, poder y vendetta, avaricia y familia, Italia y América.

Hoy solo pienso en volver a verlas otra vez, en saborear todos los detalles, sabedor que irá revisitándolas tantas veces como sea necesario porque ya forman parte de mí, con una mix de sentimientos encontrados, feliz y eufórico por haber disfrutado de algo maravilloso, y triste porque  no volveré a sentir la misma emoción de verla por primera vez.

Sílvia Pérez Cruz, la pasión en estado puro…


Suele decirse que aquello que hacemos con pasión en la vida es lo único que verdaderamente puede trascender y llegar a conectar con otras personas. La pasión es un sentimiento que hace aflorar aquello que llevamos en nuestro más profundo interior, donde residen las cosas auténticas y puras, aquellas capaces de arrastrar con todo a su paso.

Algunos artistas consiguen emocionarnos precisamente por ese contenido pasional que consiguen proyectar en sus actuaciones, y esa es precisamente la principal diferencia entre los grandes artistas y los que simplemente actúan…por mucha calidad que tengan.

Una de esas artistas que desborda pasión por los 4 costados es Sílvia Pérez Cruz, la joven cantante catalana me tiene embrujado con su arte, su sencillez a la hora de interpretar, su cálida voz a medio camino entre el flamenco, el jazz y el bolero, pero sobretodo por la energía que transmite en cada interpretación.

Silvia Pérez Cruz es de esa clase de personas que te atrapan con cada gesto, con cada palabra, y cuya mirada te hipnotiza transportándote a un mundo en el que la emoción recorre tu piel y tu corazón se agita inquieto y nervioso ansiando prolongar esa sensación hasta el infinito.

En definitiva, ella es pura dulzura y encanto, pasión en movimiento!

Os dejo una versión fantástica de “Veinte años” y “Temps perdut”, que la disfrutéis!

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