La solidez del trabajo en equipo
Nos encontramos en crisis, tal vez la mayor a la que nos hemos enfrentado jamás, algunos hablan del crack del ’29, otros de la crisis del ’92, pero ésta es la primera crisis económica global, con todas las letras en mayúscula. Y como se sale de ella? Esa es la gran cuestión que mucha gente está debatiendo ahora mismo.
Se podrían repartir culpas a muchos agentes económicos, sociales y políticos, y seguramente llevaríamos gran parte de razón en señalar con el dedo a muchos personajes que con su mala gestión, mala conciencia y mala fe han ayudado a que lleguemos a este punto, pero pasarnos la vida echando las culpas hacia fuera y sintiéndonos unos pobres animalillos indefensos que se han quedado desprotegidos por culpa de otros no hará que salgamos adelante.
El reparto de culpas a diestro y siniestro es un deporte muy practicado en nuestra sociedad, más vale ver la paja en el ojo ajeno que hurgar un poco en nuestros sucios ojos, y siguiendo con el refranero, no hay más ciego que el que no quiere ver. Y lo que no queremos ver es que se han acabado los tiempos de las excusas, que toca actuar por nosotros mismos, papá y mamá ya no vendrán a ayudarnos a salir de esto, nos toca a todos y cada uno de nosotros tirar de este carro global que se nos ha descarrilado.
Siempre he defendido que no existen fórmulas secretas para nada en la vida, el éxito y los fracasos dependen de multitud de factores, aunque algunos pesen más que otros, por ejemplo nuestra actitud. Este elemento es clave para enfocar de una u otra manera nuestras vidas, los retos que se nos plantean y la solución de los problemas que cada día brotan a nuestro alrededor.
Una actitud positiva y optimista ante la vida no te garantiza el éxito, ni tan siquiera la tan ansiada y perseguida felicidad, pero te hace tener muchas papeletas de triunfo, y por lo menos te hace el camino más placentero, porque puestos a no conseguir algún objetivo mejor será que lo hayamos intentado con energía positiva que con amargura y negatividad.
La mayor parte de nuestros miedos jamás llegan a suceder, pero sin embargo tememos, y sufrimos, y nos encogemos ante situaciones que simplemente desconocemos.
Nuestras vidas nos pertenecen, y el futuro también, y en ellas transitamos a veces solos y a veces acompañados, pero cualquier pared que se pretenda levantar siempre será más fuerte con dos andamios que la sujeten en vez de uno, y si son tres o cuatro mejor que dos, y así hasta el infinito. Os imagináis miles de andamios cargados de energía positiva encarando el mañana con optimismo?
Serían irreductibles, formarían una pared tan alta y tan sólida que ningún viento huracanado podría derribarla, como mucho se caerían algunos andamios, pero la pared ahí seguiría, anclada en las fuertes raíces de la ilusión, la convicción de luchar por una meta común y la seguridad de ver a tu lado a otros andamios que aguantan y empujan tanto como tu.
Ahí descansa nuestro poder, en la suma de voluntades orientadas a conseguir un bien común, en el trabajo en equipo, con toda la extensión de esta fantástica palabra. Seamos un equipo y salgamos adelante!
