De todo un poco y un poco de todo

El Imperio que viene y la sombra del maestro


El Imperio Chino camina inexorable hacia el gobierno mundial, con ritmo lento pero seguro. La imagen que nos hemos formado de los chinos es que son un pueblo muy trabajador, negociantes hasta el extremo, capaces de priorizar el colectivo, ya sea familiar, corporativo o estatal hasta un límite no conocido en Occidente. Quizá ese sea su gran secreto, el arte de priorizar el yo colectivo ante el yo individual.

La semilla de tal carácter la debemos buscar en uno de los grandes hombres de la Historia de la Humanidad, Confucio.

Confucio nació al final del periodo conocido como Primaveras y Otoños, un periodo en el que se apreció un movimiento centrífugo del poder y el prestigio. Los Zhou, reinantes hasta el momento, se encontraron en una situación de pérdida de poder en favor de los jefes de estado de los distintos estados chinos, quienes ostentaban realmente la supremacía en los territorios.

Dentro de esa situación de caos organizativo, tensiones y guerras constantes surgió la figura de Confucio. Él creía que se tenía que volver a los principios inspiradores de los Zhou, donde el orden imperaba y todos los engranajes funcionaban como era debido, en una visión totalmente ideal de lo que fue la dinastía Zhou.

La familia de Confucio formaba parte de la pequeña o baja nobleza, pero venida a menos. Su fecha de nacimiento se fija en el 551 AC, aunque no hay mucha seguridad histórica de que así fuera ya que la vida de Confucio está repleta de leyendas y mitos.

Fue consejero del Príncipe del Estado de Lu, su estado de nacimiento, y bajo su consejo las cosas empezaron a marchar bien, consiguiendo un funcionamiento mucho más racional y lógico. Pero poco a poco se fueron desoyendo sus consejos, y Confucio decidió marcharse y viajar por los diferentes Estados, arrastrando a muchos jóvenes a su paso, se convirtió en un maestro, versado en las 5 artes, matemáticas, lectura, escritura, tiro con arco y conducción de carro de combate.

La doctrina de Confucio se basaba en “el mandato del cielo”. En la mitología china se creía que el cielo lo controlaba todo, así que el mandato del cielo sería como un mandato divino, pero un sentido de la divinidad diferente al de un Dios único, sino más bien como una necesidad que gobierna todas las cosas, una especie de destino. Así pues tendría el doble sentido divino y de destino. En el Taoísmo este concepto es muy similar, se le conoce como Tao o camino, pero esto forma parte de otra historia.

En base al Mandato del cielo se justificaban todos los acontecimientos que se iban sucediendo, como por ejemplo los cambios de dinastía en el poder reinante. Desde ese momento los emperadores y reyes de China lo serían por Mandato del cielo, y ejercerían su reinado en base a la “virtud” o “de”.

Este “de” los hace aptos para gobernar, y es a partir de ese “de” que el cielo los autoriza a ejercer ese poder, cuando dejan de tenerlo es cuando el cielo decide derrocarlos.

Este concepto de gobierno a través de la virtud fue el eje principal de la doctrina confuciana, y esa virtud y sentido del deber y de las jerarquías fue calando en el espíritu chino forjando un carácter durante siglos que ha llegado hasta nuestros días, a pesar de los intentos comunistas por erradicar muchas de las antiguas tradiciones chinas como el confucianismo o el Taoísmo, tallando así una personalidad propia que avanza imparable hacia la cúspide global.

Confucio, o “Maestro Kong”, giró alrededor de varios pilares básicos sobre los que edificó su personalidad, su doctrina y su vida entera. Estos fueron la piedad filial, la lealtad, la fidelidad y el respeto hacia los rituales entre otros. Una sentencia suya resume muy a las claras el fondo de su mensaje, “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a tí”, un pensamiento que podría encajar perfectamente en cualquier doctrina moral del mundo.

Confucio fue, ha sido y será pues uno de los personajes más influyentes y decisivos de la Historia, con un pensamiento revelador e inspirador a la vez, del cual deberíamos aprender todos. Su doctrina básica se encuentra en una recopilación llamada “Analectas”, que en griego significa textos escogidos, en la cual podemos encontrar conversaciones con sus discípulos y una recopilación de su sabiduría. Un texto revelador de alguien excepcional que marcó el destino del mundo, pero que requiere paciencia en su lectura y una fuerte dosis de concentración.

Como ya dijo Hermann Hesse ” su lectura no es fácil, uno siempre tiene la sensación de estar respirando un aire extraño, de un tipo y composición diferentes al que se necesita para vivir”.

 

 

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 56 seguidores