Creemos en algo?
Hace unos meses acudí a una celebración religiosa y me quedé sorprendido por la inquietante pasión con la que las gentes que allí se encontraban expresaban su fe.
El edificio parecía resquebrajarse como una hoja seca al son de las voces de los fieles cantando o recitando los versículos de la Biblia. Me impactó el efecto que el eco de tantas voces juntas puede producir en una persona. Es como si todas esas ondas te traspasaran en mil direcciones, con una fuerza extraña que te hace estremecer.
Es curioso el sentimiento que puede producir un colectivo de gente unido en pro de una creencia común. Es como una ola de energía invisible que fluye poderosa y arrebatadora, como un tsunami que arrastra todo aquello que encuentra a su paso contagiando una fuerza atrayente.
La mayor parte de gente que estaba en esa iglesia eran de origen sudamericano, un continente aún fuertemente ligado a la fe católica y sus ritos. Es casualidad que notara esa fuerza singular en esa iglesia? Habría notado algo igual en una celebración con mayoría de españoles o de europeos?
Supongo que habrá grupos que transmitan tal fuerza y magnetismo en sus manifestaciones colectivas, pero reside aún en nosotros ese espíritu de hermandad? O hemos girado la cabeza hacia otro lado?
Por otro lado, es positiva esa uniformidad de mensaje? Esa colectividad tiene fe por lo que le han explicado o porqué después de buscar e interrogar ha concluido que ahí reside el verdadero mensaje?
En nuestros tiempos tengo la sensación de que ese fervor colectivo solo se puede encontrar en nuestro país en conciertos de rock o acontecimientos deportivos. Hemos ido sustituyendo los mitos divinos por los mitos carnales, y los mensajes históricos por las historias pasajeras y cotilleos.
Y que es mejor?
El borreguismo es el mismo, ya se siga a un Dios o a una rock star de una manera autómata, sin pensar, sin cuestionarse las cosas.
La única diferencia en mi opinión radica en el hecho de que en los momentos difíciles una rock star o un ídolo deportivo no tienen base suficiente para sostener un espíritu hundido, sin embargo un mensaje que ha sobrevivido al paso del tiempo si puede tener los cimientos suficientemente sólidos como para sostener a un alma atormentada, aunque solo sea por el famoso inconsciente colectivo de Jung, que hace que tengamos asociados ciertos significados a los diferentes símbolos religiosos.
El único camino válido en mi opinión es el que cada uno se marca a si mismo, ese que requiere un esfuerzo por descubrir e interpretar aquello que se nos va presentando por la vida. Mensajes prefabricados y dirigidos hay cientos, siempre los ha habido y siempre los habrá, son inherentes a las esferas de poder, y son precisamente esas esferas, religiosas, económicas, empresariales y políticas, las que rigen el mundo, las que deciden que debemos creer en cada momento, quienes son los buenos y los malos, y las que cuentan con los altavoces y sistemas de propaganda más sofisticados y potentes, tanto que es casi imposible escapar a su eco.
Pero ese es el reto que tenemos cada uno, desoír lo que se nos impone, lo que se da por supuesto, en pro de una búsqueda personal que nos lleve a encontrar nuestro equilibrio y nuestra fe en aquello verdadero que subyace en el mundo, sin imposiciones ni presiones la verdad tiende a salir a la superficie, solo es cuestión de escarbar un poco.
