De todo un poco y un poco de todo

Música

El Padrino


Hasta hace una semana todo lo que sabía de “el padrino” es que era un trilogía de culto, una de esas obras eternas que de vez en cuando asombran al mundo y permanece en la memoria de la gente. Quizá por ese peso que lleva consigo siempre me había dado mucho respeto, es como uno de esos volúmenes gruesos de Dostoievski o como el Ulises de James Joyce, los admiras hasta sin haberlos leído porque subyacen en la memoria colectiva de tanta gente que llegan a introducirse en la tuya sin necesidad de conocerlos directamente.

Siempre había pensado que mi momento para verla llegaría, de hecho tenía la trilogía en mi casa desde hace más de un año, cuidadosamente guardada en el cajón donde tengo todas mis películas. La joya se encontraba ya en casa pero el respeto que me imponía hacía que nunca encontrara el momento. Me gustará? No me gustará? No, no puede ser que no me guste….todo el mundo habla maravillas de las películas de Coppola, son una de las obras maestras del cine, por no decir la gran obra maestra, definitivamente no puede ser que no me guste. Cuando estás tan condicionado por la opinión global acerca de una película, libro o cualquier manifestaciñón artística solo haces que desvirtuar tu propia sensibilidad y acercarte a la obra con prejuicios positivos o negativos, lo cual, obviamente, desvirtúa tu opinión de la misma.

No sé porque motivo concreto la semana pasada decidí empezar a ver “el padrino” parte I, quizá me ayudó el hecho de haber visto que en la Paramount le estaban dedicando un ciclo de reemisiones o quizá simplemente algo dentro de mí me dijo que ahora era el momento.

No seré yo quien de una opinión de la película, me iría infinitamente grande el reto, solo puedo tratar de explicar lo que he ido sintiendo a lo largo de estos 7 maravilloso últimos días.

Cuando le di al play hace una semana sabía que estaba empezando a ver un trocito de historia, así que me puse cómodo y me dejé llevar, no hicieron falta más de 15 minutos para que todo lo que me rodeaba desapareciera, ni siquiera me di cuenta en ese momento, pero tenía la sensación de ser un Corleone más, o quizá no, quizá detestaba lo que eran y simplemente los odiaba, pero esa es una de las grandezas de esta trilogía, llegar a querer a unos personajes a pesar de odiarles, u odiarles a pesar de quererles…

Vito Corleone me impuso un respeto tremendo desde el principio, quizá será porque siempre he tenido mucho respeto por la típica figura del cabeza de familia a la antigua usanza, uno de esos hombres de antes, de espaldas anchas, gesto tranquilo y sosegado pero lleno de energía y determinación a la vez, con una voz grave que penetra hasta lo más profundo y una mirada inquisitiva que desnuda todos tus pensamientos.

Y luego todos sus hijos, Sonny, el impulsivo hijo mayor del Don, alguien con carisma, con esa arrebato pasional desenfrenado que se desboca si ve amenada la seguridad de la familia, porque que es sino “el padrino” entre otras cosas, una gigantesca y apoteósica Oda a la familia, ese núcleo en el que todo nace y muere, un lugar en el que sentirse protegido y amado o una trampa de la que es imposible escapar.
Fredo es ese alma en pena, en busca de una gloria que creía suya pero que el destino le arrebató para colocarle en un segundo plano que cree no merecer. Pero como no querer a Fredo…tan frágil y débil que sientes que es quien más protección y amor necesita.

Connie es un personaje que me fue atrapando con el paso del tiempo, la hermana que vive a la sombra de sus hermanos, en el papel que le tenían reservado a las mujeres en esa sociedad tan patriarcal. Alguien que irá evolucionando y encontrando su lugar al lado de Michael, llegando a conseguir un poder difícil de imaginar al principio de la primera parte.

Y como no, Michael, Don Michael Corleone, el sucesor de Don Vito, un Al Pacino tan brutal que te aplasta con su gesto, su mirada y sobretodo sus silencios. Michael es de esas personas que atemoriza más cuando te mira en silencio que cuando te habla, y ese es su verdadero poder y su gran atractivo.

Y que decir de ese estupendo Consigliere en las manos y rostro de Robert Duvall, alguien que es como un hermano, al lado de la familia en todo momento, con una fidelidad que los Corleone valoran por encima de cualquier otra actitud.

Cuando acabé de ver la primera película me sentí inquieto y sosegado a la vez, era de noche y mi comedor estaba en penumbra, casi como si fuera un plano más del despacho de Michael, su prolongación, inquietante y sereno a la vez. Me encantó el plano de la puerta cerrándose ante la mirada temerosa de Kay, sabedora de que su tragedia empezaba en ese instante, el mismo en que oficialmente empezaba la grandeza de Michael. Porque “el padrino” tiene sobretodo eso, multitud de momentos cumbre que se me han quedado grabados en la memoria como si fueran parte de mi propia historia.

En “el padrino” parte II la brutalidad de Michael se desborda con total libertad, pero es una brutalidad pasional y contenida a la vez, calculadora siempre, sabedora de su próximo movimiento.

Como no llorar por la muerte de Fredo en ese plano magistral con el hermano mayor recitando la salve y el hermano menor asumiendo su órden a través del ventanal, con la mirada fija y perdida, rebosando una serenidad de quien no perdona la traición pero asumiendo que ese momento le perseguirá toda su vida.

Y que decir de la música de Nino Rota y del padre del propio Coppola, otra obra maestra que te traslada a una Italia anclada en el pasado, llena de rencor y orgullo, con tintes de tragedia clásica, de perfume violento y pesado que te rodea y te nubla la conciencia. Esa música contiene todo lo que es “el padrino”, es “el padrino” en sí misma.

Con “el padrino” parte III se cierra el círculo, con un nuevo Don en la figura de un Andy García que parece la viva imagen de su padre Sonny y que va adquiriendo el ritmo pausado y calculador de su tío Michael.

Solo puedo decir que, aunque me lo esperaba, ver la tragedia en los ojos de Michael al sostener a su hija muerta me heló la sangre, es plano con Al Pacino gritando con la boca abierta mientras Anthony sostiene a su madre rota por el dolor es el epílogo perfecto a esta historia de crimen y amor, poder y vendetta, avaricia y familia, Italia y América.

Hoy solo pienso en volver a verlas otra vez, en saborear todos los detalles, sabedor que irá revisitándolas tantas veces como sea necesario porque ya forman parte de mí, con una mix de sentimientos encontrados, feliz y eufórico por haber disfrutado de algo maravilloso, y triste porque  no volveré a sentir la misma emoción de verla por primera vez.


Sílvia Pérez Cruz, la pasión en estado puro…


Suele decirse que aquello que hacemos con pasión en la vida es lo único que verdaderamente puede trascender y llegar a conectar con otras personas. La pasión es un sentimiento que hace aflorar aquello que llevamos en nuestro más profundo interior, donde residen las cosas auténticas y puras, aquellas capaces de arrastrar con todo a su paso.

Algunos artistas consiguen emocionarnos precisamente por ese contenido pasional que consiguen proyectar en sus actuaciones, y esa es precisamente la principal diferencia entre los grandes artistas y los que simplemente actúan…por mucha calidad que tengan.

Una de esas artistas que desborda pasión por los 4 costados es Sílvia Pérez Cruz, la joven cantante catalana me tiene embrujado con su arte, su sencillez a la hora de interpretar, su cálida voz a medio camino entre el flamenco, el jazz y el bolero, pero sobretodo por la energía que transmite en cada interpretación.

Silvia Pérez Cruz es de esa clase de personas que te atrapan con cada gesto, con cada palabra, y cuya mirada te hipnotiza transportándote a un mundo en el que la emoción recorre tu piel y tu corazón se agita inquieto y nervioso ansiando prolongar esa sensación hasta el infinito.

En definitiva, ella es pura dulzura y encanto, pasión en movimiento!

Os dejo una versión fantástica de “Veinte años” y “Temps perdut”, que la disfrutéis!


Bandas sonoras de nuestra vida VIII: Jurassic Park


A principios de los 90 Steven Spielberg volvió a sorprender a la industria del cine resucitando a los dinosaurios de una manera tan espectacular que hizo avanzar el mundo de los efectos especiales un paso más allá.

Los gigantes y casi mitólogicos animales de la prehistoria pasaban a formar parte de nuestra cotidianidad por obra y milagro del mago Spielberg, un visionario que ha ido trufando de mitos cada década desde que inició su carrera allá por los años 70. El llamado Rey Midas de Hollywood ha ido sembrando su carrera con momentos mágicos elevados a la categoría de divinos gracias, en parte, a la sabia y cuidada elección de sus bandas sonoras, muchas de ellas a cargo del maestro John Williams.

Viendo la primera escena en que Sam Neill y Laura Dern ven a los dinosaurios, la música de John Williams no hace sino acercarnos la emoción que los dos pleontólogos pueden sentir al ver aquello que tanto han amado desde jóvenes, dándonos una muestra de la inmensidad del momento.

Los violines van agudizando su sonido, alargando las notas en un ascenso de intensidad al que se suman los tambores, es como si el ritmo del corazón de los paleontólogos fuera in crescendo hasta llegar al éxtasis en el momento en el que aparecen los primeros brontosaurios ante sus ojos y el eco de la música inunda el plano tanto o más que los propios animales.

Una banda sonora deliciosa y elegante, espero que la disfrutéis!


La canción del buen rollo, “el carrer dels jocs florals”


La vida es una sucesión de momentos por los que fluimos de manera inconsciente, solo unos pocos y escogidos acontecimientos son recordados durante tiempo, marcando el devenir de nuestras vidas y haciendo que realmente nos demos cuenta de que estamos viviendo, de que nuestro momento es ahora y es siempre, no solo de vez en cuando.

Los momentos, buenos y malos, hacen que evolucionemos como personas, van forjando nuestro carácter de manera progresiva, y van consiguiendo dar forma a nuestra personalidad. De los buenos momentos es sencillo sacar conclusiones, quedarse con la parte alegre y positiva, que es toda, y hacernos sonreír, pero es de los malos momentos de donde más solemos aprender, nos demuestran que corta es la vida y que pocas cosas importan realmente, haciéndonos evolucionar a un plano más elevado de conciencia y pureza de sentimientos, aunque solo sea por breves instantes.

La pena es que el ser humano siempre vuelve a cometer los mismos errores, y los efectos beneficiosos que muchas veces se sacan de momentos complicados suelen durar un breve lapso de tiempo, para poco después volver a vivir en la misma rutina neblinosa en la que estamos absortos.

Todos tenemos gente cercana que sufre o ha sufrido en el pasado, gente a la que queremos y a la que no podemos ayudar más que con nuestra cercanía, por mucha impotencia que sintamos no queda otra que mirar hacia adelante con optimismo, sacar fuerzas para seguir caminando y poder sostener con nuestro impulso a aquellos que queremos y están sufriendo.

Cuando estoy de bajón generalmente recurro a películas, series, libros,  fútbol, hacer deporte o quedar con mis amigos, pero por encima de todo hay una cosa que consigue recargarme de energía al momento,  escuchar alguna canción especial o singular, y digo singular porque solo oír sus primeras notas hace que mi cara cambie al momento, me revitalizan por dentro, haciéndome sentir una onda expansiva de buen rollo, que aunque a veces efímera, es suficiente para pensar que como todo en la vida, los malos momentos también pasan.

Últimamente esa canción del buen rollo es “el carrer dels jocs florals” de Joan Masdéu, ex cantante de Whiskyn’s. Una canción fresca, positiva y divertida, sin más pretensión que generar buen rollo en la gente, transmitiendo buenas vibraciones y la visión de un futuro mejor.

Pues esta canción va por alguien especial (él sabe quien es), para que sepa lo que me importa, que siempre me va a tener a su lado ayudándole en todo lo que pueda, y que solo espero que al escucharla sienta ese buen rollo que me genera a mi, sabiendo que la vida es aquí y ahora, y que cuenta con muchos brazos para ayudarle a conseguir que todo vaya bien, sin duda así será, yo estoy convencido y sé que él también.

 

 

 

 


Bandas sonoras de nuestra vida VIII: A silbar!


En mi último post de bandas sonoras comentaba que la sintonía de “el bueno, el feo y el malo” debía ser una de las más silbadas de todos los tiempos, pero de repente me vinieron muchas otras bandas sonoras que me hacen silbar irremediablemente.

La primera banda sonora que acudió veloz a mi mente fue la de la película “el puente sobre el río Kwai”, una magnífica película del director David Lean, con Alec Guiness a la cabeza del reparto, en la que el protagonista inmortal es la “marcha del coronel Bogey”, una melodía pegadiza hasta el extremo que siempre me pone de buen humor, no apta para aquellos que no saben silbar por la frustración que puede provocar no ser capaz de unirse al ritmillo militar.

 

La siguiente película que cayó en cascada por mi cabeza fue “La gran evasión”, con un elenco de actores espectacular, entre los que estaban Steve Mc Queen, James Coburn, Richard Attenborough y Charles Bronson entre otros. Es una de mis películas favoritas de siempre, y supongo que uno de los motivos de peso es su banda sonora, en la que destaca esta famosa pieza que te invita a huir con el grupo de presos británicos y americanos recluidos en el campo de concentración nazi durante la segunda guerra mundial.

 

Siguiendo con el regusto a clásico de Hollywood la siguiente película que vino a mi memoria fue “los siete magníficos”, en la que un siempre sobrio pero genial Yul Brynner acompañado de ilustres colegas como Steve Mc Queen, Charles Bronson y James Coburn entre otros, lideraba a un pequeño grupo de valientes cowboys americanos  en el caluroso y seco México, enfrentándose a  una banda de forajidos dedicados a la extorsión de los pueblos mexicanos. La música de Elmer Berstein es puro western.

 

El sabor a western hizo que a continuación de los siete magníficos me acordara de  la popular serie “Bonanza” y su rápido estribillo. Una de las canciones capaces de agotar el silbido de cualquiera, probad a completar toda carátula de entrada de la serie sin parar, todo un reto! Bonanza me trae recuerdos de niñez, de tardes con Cola Cao y galletas sentado en el sofá viendo las aventuras de la famosa familia Cartwright.

 

No podía faltar en esta peculiar lista el recuerdo de todos los jóvenes de 30 y tantos de España, esa nostálgica música a bordo del barco de chanquete. Miles de niños crecimos con aquella serie, con aquel inmortal grito de “Chanquete ha muerto!!” y aquella cancioncilla de ritmo fácil, aire fresco y sabor a mar que está asociada a una época en la que nuestros sueños se empezaron a forjar.

 

He dejado para el final la película cumbre del silbido, una obra maestra del humor, la ironía y la sátira que crearon los Monty Python en la que nos narran la historia de Brian, un hombre que nace el mismo día que Jesús en la Palestina de hace dos siglos. El genial grupo británico ha protagonizado algunas de las más brillantes películas mezcla de humor y crítica, todo ello bien mezclado pero no agitado por un lema que todos deberíamos llevar bien grabado en nuestras mentes, “Always look on the bright side of life”, siempre deberíamos mirar al lado positivo de la vida, siempre lo hay, lo único que debe hacerse es buscarlo con buen humor.

 

Cuál es vuestra banda sonora silbable preferida? A silbar!

 


Otra leyenda se va


Solemos pensar que los grandes artistas no nos van a dejar nunca, quizá porque los contemplamos desde la distancia, casi con fervor religioso, como si no pertenecieran a nuestro mundo, sino a un lugar imaginario en el que todo es bello y reluciente, un paraíso con el que todos soñamos y que nos sirve para evadirnos de nuestros mundanales problemas.

Generalmente tal mundo no existe, más bien al contrario, muchos de esos grandes artistas rodeados de lujos, dinero y fama se suelen sentir solos a pesar de lo acompañados que están, y quizá es en esa soledad, dentro del mundanal ruido que les acompaña, en la que afloran los desequilibrios de una vida que circula a 200 por hora sin pausas ni freno de mano, con el final de la carretera como única salida, y las drogas y el alcohol ejerciendo de coche en contra dirección contra el que se estrellan no pocos de estos artistas.

Una de esas leyendas era Whitney Houston, la reina del pop -soul de los años 90. A pesar de todos los problemas que tuvo en la última década nada puede esconder la inmensidad de su voz, su carisma y su personalidad. Para siempre van a quedar canciones como “I wanna dance with somebody”, “Greatest love of all” o “I have nothing”, entre muchas otras. Y por encima de todas ellas la canción de amor que marcó a toda una generación, “I will always love you”.

Siempre que alguien tan joven muere es un día triste, pero si además es alguien que ha conseguido emocionar a millones de personas el eco de la pérdida traspasa fronteras, almas y corazones. Por suerte siempre nos quedará su música. Descanse en paz.


Bandas sonoras de nuestra vida VII: El bueno, el feo y el malo


El maestro Morricone nos transporta esta vez al oeste americano, a esos tiempos de duelos al sol, polvo, sudor y abrasante codicia.

De la mano del autor por excelencia del Spaghetti western, Sergio Leone, nos situamos en plena Guerra de Secesión Americana, en una de las películas de la llamada trilogía del dólar, formada por la mencionada película, “Por un puñado de dólares” y  ”La muerte tenía un precio”,  interpretadas todas ellas por un carismático Clint Eastwood en el papel de hombre duro forjado a sí mismo.

Quien no ha silbado las primeras notas de esta canción alguna vez?

Cada vez que oigo esta pieza me vienen a la cabeza las botas puntiagudas de Eastwood, los carteles amarillentos de “se busca” colgados de la típica taberna de puertas bamboleantes o la clásica toma en la que, desde un ángulo a media altura, se puede ver la mano de uno de los pistoleros acercándose a su revólver, mientras que en el fondo del plano se puede ver a su enemigo en posición idéntica, en un duelo táctico, de precisión y tensión máximas, en las que un solo error te podía llevar a la tumba, quizá a esa tumba de las monedas de oro por la que los hombres del oeste luchaban, traicionaban, asesinaban y morían.

Cine clásico con decorado 100% español, el desierto de Almería y actual Parque Nacional de Cabo de Gata, puro espectáculo para los sentidos regado por los acordes más emblemáticos del spaghetti western.

A silbar!


Bandas sonoras de nuestra vida VI, Éxodo


El pueblo judío ha sufrido persecuciones a lo largo de toda su historia, la gloria del Rey Salomón queda muy atrás, y solo la consecución del Estado de Israel consiguió que volvieran a tener el espacio físico que tanto habían añorado, aunque esa decisión trajera como consecuencia uno de los períodos más turbulentos de su larga y difícil historia. Pero ese tema espinoso mejor lo dejaremos para otra ocasión.

Lo que aquí interesa es la fenomenal película de Otto Preminger, en la que se narran los sucesos acaecidos a bordo del buque  ”Éxodo”, pues así es como lo bautizaron los judíos, en recuerdo al Éxodo primigenio de Moisés, en el cual él y todo el pueblo judío huyó de la esclavitud egipcia en la que había estado sumido, y vagó por el desierto durante 40 años en busca de la tierra prometida.

Pero volviendo a la película, nos sitúa en esos cruciales días después del genocidio nazi en la segunda guerra mundial. Un grupo de valerosos hombres, mujeres y niños se enfrentó al mundo con el poder moral de su sufrimiento como estandarte, su convicción religiosa como escudo, y su anhelo por regresar a la que creían su tierra por derecho, como el arma más poderosa.

Los aliados, en una decisión que cambió el curso de la Historia, decidieron adjudicar parte de la tierra de Palestina a los judíos, creando de esta manera el Estado de Israel.

A bordo de ese barco los penetrantes ojos azules de Paul Newman, inmenso en el papel de Ari Ben Cannan, liderando a un grupo dispuesto a todo, incluso a la muerte, por conseguir lo que por justicia creen que es suyo, junto a una belleza de tintes clásicos como Eva Marie Saint, la enfermera británica que, por amor, se acaba uniendo indisolublemente a la causa de Ari.

Y todo ello bajo la batuta musical de Ernest Gold, quien consiguió el Óscar por la banda sonora de la película.

Gold creó una música en mayúsculas, de esas que aportan aún más trascendencia a las imágenes, una de esas melodías que al escucharlas sabes que están narrando algo grande, algo histórico, con pinceladas de esos acontecimientos bíblicos que tanto influyen en el pueblo judío, un pueblo acostumbrado a levantarse tras cada revés, que cree en sí mismo como una comunidad marcada por el destino, elegida por la divinidad para ser sus más altos representantes en la tierra.

En definitiva, una música con letras de oro


Splenda, más que magia puro Show!


Ayer por la tarde fui a ver el nuevo espectáculo del Mag Lari en el Teatre Tívoli, Splenda.

Mag Lari se ha convertido en los últimos años en la cara nueva, a nivel popular, de la magia catalana, viniendo a sustituir y modernizar la figura del mítico pero un poco pasado de moda Màgic Andreu, quien desde hace ya algún tiempo se dedica a llevar su alegría y su magia a niños en Hospitales de Barcelona.

Splenda es un espectáculo que va más allá de la magia, de hecho la magia queda en un importante segundo plano, cosa que a los amantes de la ilusión puede decepcionar un poco. Tres cuartas partes del show transcurren en una vertiente más cómica y musical que mágica, ya que los juegos que se proponen no van más allá de ser los típicos juegos de magia que estamos hartos de ver en todos los espectáculos del mundo, que si te corto en 2 por aquí, que si uno un hilo que acabo de cortar en varios pedazos…en resumen, nada nuevo hasta la parte final.

Eso si, el hueco de la magia es llenado de manera magistral por el Mag Lari con sus innatas dotes de showman, su capacidad para hacerse suyo el público y saber sacar el máximo de la audiencia. Junto a este apartado cómico el otro gran protagonista es la música de Michael Jackson, la cual sirve de hilo argumental a toda la representación. Cada juego va acompañado, y en perfecta sintonía, con la banda sonora del artista de Indiana, todo ello envuelto para regalo en unas coreografías bastante simples pero efectivas del equipo de ayudantes – actores – bailarines que acompañan a Lari.

En la parte final, y solo en ella, es cuando el artista de Barcelona se destapa como el gran ilusionista que es, con un par de ilusiones fantásticas, que consiguen llevar el show a otro nivel, el nivel donde reside la magia, el de las cosas inexplicables pero maravillosas que si se miran con ojos de niño saben a puro placer.

En resumen, un espectáculo que vale la pena por el despliegue de medios, la poderosa iluminación, la música incomparable de Michael Jackson, pero sobretodo por la calidad del Mag Lari en el “tete a tete” con el público.

Un buen rato para disfrutar y olvidarse de la crisis y los problemas…


Las bandas sonoras de nuestra vida V: Superman


En pocas ocasiones las 5 o 6 primeras notas de una canción han sido tan reconocibles como en esta obra maestra. El maestro John Williams, compositor cinematográfico por antonomasia, tiene el mérito de haber colocado en nuestro recuerdo infinidad de melodías ligadas de manera perenne a algunos de los mayores iconos del cine moderno.

Sus características composiciones mezcla de violines e instrumentos de viento han hecho que sus comparsas sean silbadas y tarareadas en todos los rincones del globo, desde las notas del mayor explorador de la gran pantalla, el gran Indiana Jones, hasta los dinosaurios de Jurassic Park, pasando por el mágico mundo de Harry Potter, la marcha imperial de Star Wars e incluso la tragedia de la Lista de Schindler, en la que ese violín solista susurra con una melancolía y una tristeza infinitas los sucesos acontecidos a mitad del siglo pasado.

La banda sonora que os propongo hoy no es seguramente la mejor de John Williams, pero para mi es una fuente de recuerdos y sueños de infancia, unos sueños en los que, como muchos niños, creía ser un superhéroe de cómic que podía atravesar paredes, destruir meteoritos, viajar a la velocidad de la luz o volar, más aún, evocaba ser todo eso a la vez, en definitiva, evocaba ser Superman.

El héroe de los héroes de Marvel fue llevado a la gran pantalla por un imponente Christopher Reeve, pero quien lo transportó a la inmortalidad fue la música de John Williams y esas citadas primeras 5 notas, pura magia.

Que la disfrutéis!

 


Las bandas sonoras de nuestra vida IV: el laberinto del fauno


Son muchas las películas que han abordado el tema de la guerra civil española, aún más numerosos los libros que se han escrito acerca de ella, incontables los artículos de opinión, e infinitas las discusiones que ha suscitado y suscita aún hoy.

Solo un acontecimiento de esa magnitud puede generar tal torrente de alusiones, sentimientos y enfrentamientos, solo un suceso trágico como aquél es capaz de generar esa tensión a flor de piel, y es que mucho se perdió entonces y se sigue perdiendo hoy en día no sabiendo cerrar unas cicatrices que sangraron este país durante demasiado tiempo.

De todas las versiones cinematográficas que han abordado la guerra civil, la mayor parte se han enfocado desde la visión trágica de la misma, unas pocas intentaron poner un toque de humor a tan aciago episodio, y solo algunas se han intentado escapar de toda realidad buscando en el mundo fantástico elementos con lo que nutrir su historia, una de esas películas es “el laberinto del fauno” de Guillermo del Toro.

En esta historia una niña llamada Ofelia (Ivana Baquero) imagina un mundo paralelo en el que ella es una escogida, una princesa llamada Moanna, la cual debe superar 3 pruebas para regresar a su verdadero lugar, escapando así de la dura realidad que la envuelve, en la que todo es oscuro, férreo y manchado de sangre. Porque la realidad a veces no es la que uno cree sino la que imagina, y lo que se imagina con el corazón en la mano y el alma pura puede que sea más real que la realidad.

Javier Navarrete compuso una nana sobre la que gira toda la ambientación musical de la película. Unas simples notas nos transportan a un mundo onírico repleto de personajes fantásticos, héroes, princesas y animales mitológicos. Basta cerrar los ojos y oír las primeras notas de la nana para sentir como, Ofelia, con ese canto, trata de evadirse del mundo que la rodea, pero no lo hace con violencia o con ira, sino con amor, el mismo amor que se desprende de su voz y el mismo amor que al final hará que su destino se cumpla.

Esa nana es un canto a la imaginación desde la más pura candidez y convicción, un regalo para los sentidos que nos eleva a un plano irreal en el que todo es posible, y en el que las voluntades son puestas a prueba de la manera más amarga y dulce a la vez.

Que la disfrutéis!


Las bandas sonoras de nuestra vida III – La misión


De “La misión” ya me hablaban cuando yo era pequeño, aunque no fue hasta muchos años más tarde que reparé en ella, y no fue su trama, su guión o su fotografía lo que captó mi atención, a pesar de que cualquiera de esos elementos por sí solos valen la pena en este grandioso film, ni siquiera fue el magnífico elenco de actores, con un genial Robert de Niro, un jovencísimo Liam Neeson o un sublime Jeremy Irons en el papel del padre Gabriel.

Lo que realmente captó mi atención fue su banda sonora, a través de la cual descubrí a uno de los mejores compositores del S.XX, Ennio Morricone, autor entre otras de melodías de “El Bueno, el Feo y el Malo”, “Por un puñado de dólares” o “Cinema Paradiso”.

En un mundo corrupto en el que los grandes Imperios europeos se reparten las almas humanas como si fueran pedazos de tierra, los padres Jesuitas intentaron, Dios mediante, proteger de los abusos a los que eran sometidos los indigenas, y que amenazaban con llevarse de por medio (como al final sucedió) a muchísimas de esas tribus autóctonas, cuya culpa era simplemente existir.

Y en ese contexto de paisajes naturales exuberantes, hombres despiadados, ávidos de riquezas y poder, la batuta de Ennio Morricone nos eleva a un terreno al que pocas veces se puede acceder, el mundo de los sueños y la pureza, porque su música evoca precisamente eso, pureza y nobleza a partes iguales, un pequeño fragmento de cielo en la tierra que se hace realidad en pequeñas dosis, como una ascensión firme pero segura hacia lo divino.

En definitiva, una música para soñar despierto y dejarse llevar a otros planos de la realidad, unos en los que todos somos iguales, sin injusticias ni envidias, en los que la caridad y la solidaridad reinan sobre todas las cosas, un mundo en el que cuidamos a la naturaleza al igual que ella cuida de nosotros, en definitiva, un mundo en el que a todos nos gustaría vivir y al que debemos aspirar.

Que la disfrutéis!


Las bandas sonoras de nuestra vida II, Requiem for a dream


La banda sonora de “Requiem for a dream” es una obra maestra de nuestros tiempos, en la que el ritmo de los violines se nos meterá tan dentro que no sabremos si forman parte de nosotros o es pura ilusión.

La música empieza con un violín alargando sus notas, mientras poco a poco otro violín se suma a la fiesta en una suave réplica, se entrelazan y van tejiendo un lamento, un gemido sordo que suplica ayuda, la música se para.

De repente el ritmo se inicia otra vez, pero ahora la cadencia sube, se va incrementando, subimos por una espiral sin freno, la música nos va acelerando, las voces se oyen de fondo, y un primer estallido parece que va a hacer que nos detengamos, pero el ritmo es imparable hacia arriba, todo se descontrola, los sentidos se vuelven locos queriendo alcanzar lo inalcanzable, el infinito es nuestra meta, nada es imposible, la melodía es un torrente sin destino ni control que nos sacude con violencia, hasta que de repente un muro aparece de la nada, y Bam!!!

Un golpe furioso nos hace zozobrar, nuestra cabeza parece que va a estallar esparciendo sus restos gelatinosos por todas partes, los ojos se quieren salir de las órbitas, los oídos parecen sangrar y la nariz nos quema, nos arde, se abrasa en una pieza macabra, infernal y contagiosa, de tanta calidad que parece irreal, que no parece escrita por alguien de este planeta, es una pieza que narra el dolor, la confusión, el sufrimiento, la droga y el mono, que narra lo invisible y lo visible, lo imaginado y lo que jamás existió, una música de película, una música que sale de los sueños, un Réquiem por un sueño.

Que la disfrutéis!


Bandas sonoras de nuestras vidas, El Piano


Las bandas sonoras de películas son una de mis debilidades, hacen que las emociones aumenten a un nivel superior, el trabajo de los actores, directores y productores puede ser llevado a las alturas gracias a una buena banda sonora, y esas notas hacen que los espectadores podamos llegar a sentir en nuestra piel las mismas sensaciones que los protagonistas.

De hecho muchas películas han pasado a la historia más por sus bandas sonoras que por sus afinados guiones o por las actuaciones más o menos acertadas de sus actores, y ahí reside la magia de sus compositores, en hacer de una historia algo especial, único y que quede grabado en el recuerdo de todos aquellos que la ven a través de sus notas y acordes.

En sucesivos artículos iré comentando algunas de mis favoritas, bandas sonoras que me transportan a mundos extraños, a otras épocas históricas, que me hacen enternecer o que sacan al guerrero que todos llevamos dentro, en definitiva, bandas sonoras que me transmiten algún tipo de sentimiento especial, y que inmediatamente hacen acudir a mi cabeza imágenes de las películas o imágenes de mi vida, de momentos que pasé y quedaron irremisiblemente asociados a una u otra por motivos diferentes.

Para empezar me gustaría recordar una película de 1993 en la que una mujer escocesa y su hija llegan a Nueva Zelanda a empezar una nueva vida. Pero es una nueva vida que no han escogido, les ha venido impuesta, un matrimonio convenido por el padre de Ada marca el inicio de una historia de amor, pasión y sentimiento vehiculada a través de la música. Ada es muda,y la música de su piano y su hija son sus intérpretes hacia el mundo exterior.

Como ya habréis adivinado os estoy hablando de “El piano”.

Es increíble como la música del compositor Michael Nyman nos transmite a través de los ojos de Holly Hunter toda la pasión que lleva dentro guardada bajo una coraza de metal que solo se cae cuando sus dedos acarician cada una de las notas de su piano.

Memorable la escena de Ada tocando el piano, su piano, en la playa, cubierto por un armazón de madera, abandonado a su suerte, merced del oleaje, la arena y la melancolía del paisaje que lo rodea. Solo tenéis que cerrar los ojos y dejaros llevar por esa visión, la de una playa desierta, bajo un cielo gris y apagado en la que la melodía nos guía primero hacia el mar, su inmensidad y su poder, la perfecta cadencia del oleaje, en su ritmo sereno y cadencial, para  que luego nos haga virar a  popa y podamos contemplar ese piano en medio de la inmensidad, solitario, apagado, incluso minúsculo en medio del todo y la nada, pero la música consigue que poco a poco se haga más grande y atrayente, invadiendo el vacío, tu cabeza, tu alma y tu corazón, hasta llevarte a un estado de perfecta armonía, como sacado de una fórmula alquímica olvidada.

El piano y Ada son 2 cuerpos con una misma alma, que solo se manifiesta en su totalidad cuando se unen, sus mutuas corazas desaparecen para que brote el sentimiento.

Sencillamente una pieza bellísima, mezcla de amor, pasión y dulzura. Que la disfrutéis.


Adele, someone like you


A veces la gente piensa que nada puede haber en común con personas de otros países, ya sea porque las culturas son muy diferentes, porque visten de otra manera, hablan una lengua distinta o porque tienen costumbres que seguramente nada tendrán que ver con las nuestras, pero a pesar de eso hay un intangible que supera esas barreras, los sentimientos humanos.

Las personas de todos los rincones del globo sentimos dolor, amor, pasión, tristeza, compasión y un sinfín más de emociones, y eso es lo que nos une en medio de la heterogeneidad. Solo así se explica que alguien al que no conoces y que no habla tu misma lengua, que no vive en tu barrio, ni en tu ciudad, ni siquiera en tu mismo país sea capaz con su arte de hacerte sentir una emoción tan grande, la misma que esa persona probablemente tuvo cuando se inspiró al componer esa canción, y la misma que seguro tiene al cantarla.

Y esto es lo que me ha ocurrido escuchando a Adele, de la cual ya me enamoré con su primer disco, pero que con el segundo ha conseguido traspasar ciertas fronteras invisibles de mi alma que raramente consigo sobrepasar.

Todo lo que tengo que hacer es sentarme, o caminar, o correr, o ir en coche, realmente cualquier momento es bueno para conectar el Ipod y saborear una a una todas las canciones de su álbum “21″, no me hace falta nada más, no necesito ni comer ni beber, ni compañía, ni siquiera aire, solo la música y yo, sus letras y su alma, un alma que consigue conectarse con la mía en canciones como Someone like you, Set fire to the rain, One and only, Rolling in the deep, Don’t you remember…y podría seguir una tras otra, una sucesión de joyas mezcla de blues, jazz y soul que se deslizan por la potente y sentimental voz de Adele.

La canción que os dejo es Someone like you, un canto al amor a pesar del desamor, porque no siempre todo sale como nos esperábamos, pero si ha habido amor ese sentimiento siempre perdura.

Que la disfrutéis tanto como yo!


Los polos del universo Mishima


Hasta hace un tiempo Mishima significaba para mí literatura de la buena, de calidad reposada y ritmo suave. Las novelas del gran escritor japonés me atraparon desde la primera letra, sumergiéndome en su universo particular de diálogos, paisajes naturales y exaltación de silencios.

Mishima, que en realidad se llamaba Hiraoka Kimitake, consigue dotar a sus historias de un halo romántico en perfecta sintonía con la naturaleza, con constantes evocaciones a la madre tierra y sucesión de escenas donde el verdadero protagonista es el mar, la montaña, la vegetación o el cielo, elementos que hace fluir con cirujana precisión haciendo que el lector acabe percibiendo con toda claridad el rumor del oleaje de sus historias.

En la novela que lleva ese mismo nombre, “el rumor del oleaje”, el autor nos guía por una historia que es una inmensa oda al amor, pero no a un amor cualquiera, sino al amor adolescente, puro, intenso, incondicional y absolutamente embriagador, ese amor que absorbe cada pensamiento, que se nutre de cada paso y que late en hermosa y sencilla armonía con la vida dura y sacrificada de la sociedad pesquera en la que viven los protaginistas.

A este universo Mishima se unió hace unos años un grupo de música catalán que puede presumir de portar ese gran nombre con mucha dignidad, elegancia y grandes dosis de calidad.

Bajo la dirección de David Carabén encabezan la nueva ola de pop rock catalana en compañía de grupos como Manel, Els amics de les arts, Quart primera o los mallorquines Antònia Font.

Y en este universo paralelo de música y literatura me he quedado atrapado, bajo la batuta del Mishima japonés, la  pluma de los Mishima catalanes y el sabor de lo que merece ser disfrutado lentamente.

Os dejo una deliciosa canción cantada en directo, “….el que trobo dolç a tu t’amarga….”

 


Moulin Rouge, la magia del caos


La primera vez que vi Moulin Rouge me quedé bastante agobiado los primeros veinte minutos. No hacía ni dos días que me la habían recomendado, y hasta esos momentos lo único que quería era que se acabara aquel descontrol de música, imágenes superpuestas a toda velocidad y caos.

En la mitología griega el caos era el estado en el que se encontraban las cosas al principio de todo, es decir, existía el caos y luego aparecieron las demás cosas, y la vida comenzó a fluir con el devenir natural que le es propia.

Pues así ocurren las cosas también en Moulin Rouge. Primero solo hay caos, pero tras él, se va tejiendo poco a poco una película magistralmente interpretada por Ewan Mc Gregor y Nicole Kidman. El director Baz Luhrmann por fin consiguió rematar la faena en este musical con estética de videoclip, algo que no acabó de hilar en su particular versión de Romeo y Julieta.

La historia de amor entre el escritor idealista que encarna Ewan Mc Gregor y la cabaretista estrella en la que se nos convierte la otras veces gélida Nicole Kidman  fluye de la reticencia inicial de quien solo piensa en el dinero y sus sueños profesionales al más puro ardor adolescente de quien ve el amor como algo puro y único por lo que debe arriesgarse todo en todo momento.

Excelentes también en sus papeles secundarios el estrambótico  director del Moulin Rouge  Harold Zidler interpretado por Jim Broadbent, en el papel del rico y codicioso Duque de Monroth Richard Roxburgh, y por último ese genial Toulouse Lautrec llevado a la pantalla por John Leguizamo.

El último ingrediente que os destacaría para que os animarais a ver la película es su sensacional banda sonora. Múltiples versiones de Queen, Bowie, Elton John… y alguna pieza original conforman el cuerpo del que verdaderamente es el tercer protagonista de este sorprendente y rompedor film que no os dejará indiferentes.

Os dejo una escena en la que los tres personajes principales brillan con luz propia. A disfrutar!


Hope there is someone, simplemente poesía hecha música


Antony Hegarty por si solo es un nombre que a muchos puede no decirles nada, pero si a este nombre le añadimos el de la banda que él lidera, a la que da sentido y de la cual es el compositor y vocalista la cosa va cogiendo cuerpo, me estoy refiriendo a  Antony and the Johnsons.

Este artista de voz multiregistro consigue emocionar a través de su personal e inconfundible forma de cantar. Su estilo está fuertemente influido por el jazz y el blues, aunque podríamos decir que es un crooner de nuevo siglo con una telón de fondo pop. Su fuerte personalidad muy marcada por su condición transgénero le atorga una sensibilidad a sus creaciones que consigue traspasar la piel de quien le escucha.

A continuación os dejo unas palabras que el propio Antony utiliza en su página web en que deja ver su manera de ver las cosas,

Hi, here are some things I am thinking about:
circles of light, the Arctic, witches, mammals, Samoa,
the slavery of addiction and viral late stage capitalism, woman power,
families treasuring their transgendered children,
the United Nations International Panel on Climate Change,
feral intuition and a global new two-spirit alliance,
forests, oxygen, carbon,
patriarchal religions and heirarchies that would rather catalyze apocalypse than admit
that centuries of male domination have almost destroyed us,
a feminist revolution might save our world

 

Entre sus grandes piezas podemos encontrar “For today I’m a boy” (en la que refleja su sentimiento de ambigüedad sexual), “fistful of love” (sencillamente una obra maestra), o la que podréis escuchar a continuación en una versión en directo que pone los pelos de punta, “Hope there is someone”, espero que la disfrutéis tanto como yo:


Viva el reggae de Bob Marley


Ayer estuve escuchando a Bob Marley por la noche, y no puedo decir más que me entró un buen rollo tremendo! No sé que tiene la música del genial músico jamaicano que provoca una sensación de felicidad enorme.

Sus ritmos cadenciales hacen que la cabeza te vaya sola, hacia delante y hacia atrás en una sucesión de movimientos rítmicos que te generan alegría sin remedio. Muchas de sus canciones se han convertido en auténticos himnos para más de una generación, porque la magia de Marley no tiene tiempo concreto, se extiende cada año que pasa engulliendo generaciones de jóvenes que no habían nacido cuando este artista universal ya había muerto.

Además de sus ritmos pegadizos Marley dio visibilidad a todo un estilo de música, el reggae,  y asoció para siempre más su imagen a la de las rastas y la bandera negra, verde y amarilla de Jamaica, dándonos un estilo desenfadado atemporal, alegre, vistoso, reivindicativo y sobretodo de amor.

He tenido grandes dificultades para seleccionar una canción de entre su inmenso repertorio, porque como escoger entre canciones que están grabadas a fuego en nuestras cabezas a base de muchos veranos escuchándolas en el coche, o en la terraza, o en el sofá, o en la típica fiesta caribeña, canciones como “is this love”, “jammin”, “get up, stand up”, “no woman no cry”, “redemption song” o “buffalo soldier”, por poner solo unos pocos ejemplos.

Pero hoy me quedaré con una que me da un especial buen feeling, “three little birds”, una canción sencilla, rítmica como la que más, y de mensaje simple pero muy en la honda de su música. A disfrutar!

 


Música para sentarse en el sofá y simplemente disfrutar


La primera vez que escuché a esta mujer de voz serena y penetrante fue por consejo de una amiga que había estado viviendo en París durante algunos años. Estaba impactada por esta artista de sonido elegante, presencia enigmática bajo sus omnipresentes gafas de sol y su bastón en la mano derecha.

Lejos de ser una fetichista de los complementos Melody Gardot sufrió un accidente de tráfico que le dejó graves secuelas físicas, pero que no le impidieron destapar su vertiente más creativa para obsequiarnos con joyas como worrisome hearts o baby i’m a fool.

La mezcla de jazz y blues que nos propone nos transporta a un mundo sofisticado de elegancia serena que se debe paladear con tranquilidad, una copa de buen whisky en una mano y la más absoluta calma en la otra. Esta mujer no se puede escuchar con prisas o con ansias, debe ser oída con delicadeza, con la misma con la que ella consigue transportarnos a un mundo de sensaciones positivas, de tenue suavidad y armonía.

Aquí os dejo una joya de Melody Gardot, “All that I need is love”:


Kings of convenience


Esta tarde estaba escribiendo sin música de fondo, cosa rara en mí, generalmente no estoy sin música más de 5 minutos seguidos. Siempre que estoy en casa tengo la música puesta de fondo, ya sea para cocinar, hacer ejercicio, limpiar (quien no se ha emocionado fregona en mano con alguna canción) estudiar, escribir o simplemente de relax. La música nos acompaña siempre, como dijo el antiguo productor de Michael Jackson, Quincy Jones, el mundo se acabaría en menos de 3 meses si desapareciera la música.

Es nuestra más fiel compañera, tanto en los momentos tristes como en los momentos alegres siempre está ahí, acompañándonos, dándonos alegría o nostalgia, contagiándonos de emociones que se mueven como animalillos inquietos, haciéndonos vibrar o simplemente evocándonos tiempos pretéritos.

Pero como iba diciendo esta tarde estaba escribiendo sin música, y al darme cuenta he sentido la imperiosa necesidad de escuchar Kings of convenience. Su disco “Declaration of dependence” es simplemente una obra maestra de esta pareja de músicos noruegos. Sus ritmos nos llevan dulcemente a un estado de feliz relajación a través de los sonidos de sus guitarras perfectamente acompañadas en algunas canciones por pianos o instrumentos de cuerda.

Sin duda su música es una perfecta compañera de viaje para escribir en un clima de perfecta armonía. Gracias Ester por descubrirme este genial grupo!

Aquí os dejo una de mis canciones favoritas de ellos, espero que la disfrutéis!

- Kings of convenience: “24 – 25″


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 56 seguidores