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La previa de todas las previas


A 3 días del gran clásico del fútbol español y mundial los debates se intensifican, los decibelios aumentan y las emociones empiezan a desbordarse. Todos sabemos de fútbol, a todos nos gusta opinar y por supuesto todos creemos tener razón en nuestros argumentos menospreciando en muchos casos la opinión ajena.

Y si el fútbol ya comporta este tipo de actitudes por regla general que no decir del partido de los partidos, más aún en los últimos tiempos (cuantas veces se habrá repetido esta frase a lo largo de la historia…), con la llegada de Mourinho, la eclosión del modelo de “La Masía”, el carácter de Guardiola, y los genios enfrentados de Messi i Cristiano Ronaldo.

Es cierto que Barcelona y Madrid siempre han polarizado la atención futbolística en nuestro país, y no es menos cierto que a nivel internacional se sigue con mucho interés lo que en esos partidos ocurre, no en vano ambos equipos siempre presumen de contar en sus filas con algunos de los mejores jugadores del mundo, pero en esta ocasión ambos equipos llegan en la cumbre de las cumbres, con un potencial de tal envergadura que empequeñece a los grandes equipos continentales hasta hacerles parecer del montón. Ya se vio en la final de la última edición de la Champions League, todo un Manchester United pareció un equipo roto y sin rumbo en manos de una trituradora llamada Barça.

Y ese es el mérito del Madrid, que en la época del Barça, es el único que ha sido capaz de levantar la voz, apretar el acelerador a golpe de millones bien invertidos en muchos casos (no tanto en otros) y remar en la dirección adecuada a fin de acercarse al nivel de los culés. Y en esa tesitura nos encontramos, un Madrid en la cúspide futbolística y anímica, quizá erigiéndose como uno de los mejores Real Madrid de la historia, que no es poco, y afrontando el partido desde una posición de ventaja en la clasificación y en los debates de redacción, taberna y quiosco.

Mourinho ha conseguido que ese conjunto de estrellas luchen como gladiadores, se muevan a su compás de ordeno y mando, en una armonía interna que hacía tiempo que no se veía por Chamartín, y que está llevando al club a unos niveles de juego y resultados largamente ansiados. Es su segundo año al frente de la nave blanca, y ya desde su llegada se ha hecho sentir el lema de que los segundos años de Mourinho son los mejores, y a fe que de momento es así. La sensación es que el Madrid ahora gana embistiendo, dominando, al contragolpe y en la lucha de guerrillas en que se convierten determinados partidos, sobretodo fuera de casa.

Con un Cristiano enchufado, un Di María espectacular por banda, 2 delanteros letales como Benzemá e Higuaín, un Ozil mitad clase mitad cerebro, un Xabi Alonso imperial y una defensa consolidada en la que destacan Ramos y Pepe, el equipo se ha solidificado en la idea de que juntos llegarán más lejos, y donde no lleguen los citados siempre estará Iker.

En el otro lado de la balanza el Barça de Guardiola, de la masía, de los Xavi, Iniesta, Piqué, Valdés, y del genio en mayúsculas del fútbol mundial, el Barça de Messi.

Ante el poderío merengue parece que el Barça haya reculado un poco, pero nada más lejos de la realidad. Es cierto que los partidos fuera de casa están costando más de lo normal, que se han quedado en el tintero algunos puntos que quizá no deberían haber volado, como cierto es que en el Camp Nou es incontestable la superioridad del equipo.

Alexis, Cesc y Thiago han aportado más variantes a la frenética e infinita búsqueda de Guardiola. La constante evolución del equipo es una de las claves del éxito de estos años, pero en esa evolución siempre hay unos periodos en los que el equipo tiene que asimilar el nuevo reto, periodos en los que la competición no se detiene, y en los que siempre anhelando la inexistente perfección el míster del Barça trata de ir un paso más allá en busca de su santo grial, como seguir ganando a sus rivales monopolizando la posesión de la pelota, viviendo y respirando en torno a ella, pivotando toda la estrategía ofensiva y defensiva a partir de un concepto que no se detiene, que más allá de pasar del 4-3-3 al 3-4-3 o al 4-4-2 persigue una obsesión, tocar y moverse, tocar y moverse, buscar y generar el espacio para dinamitar las defensas y los ánimos rivales en una sinfonía compuesta para ganar.

Así pues, en ese periodo de evolución en el que está inmerso el equipo pudiera parecer que el Madrid parte con ventaja, y tal vez sea así por el mero hecho de jugar en casa, pero este Barça es otra historia, es de hecho historia viva del fútbol mundial, así que no lo demos como víctima propiciatoria tan pronto, no sea que más de uno se lleve una sorpresa el próximo sábado.

De lo que podemos estar seguros es de que será un tremendo espectáculo, que veremos a los mejores jugadores del mundo juntos comandados por los mejores entrenadores del mundo, en un marco espectacular, ante los ojos de todo el mundo, y que en ese escenario mi apuesta sigue siendo el Barcelona, porqué merecen esa confianza de quien lleva ya mucho tiempo estando en lo más alto, porque ya han pasado a la historia como el mejor equipo de todos los tiempos, porque en sus filas está un escogido entre los escogidos, porque ante los retos siempre han salido airosos, y por encima de todo porque deseo que así sea.

A disfrutar con el partido!


Buen aviso a principios de temporada


Ayer se disputaba la tercera jornada de liga, aunque realmente era el segundo partido de la temporada debido a la vaga de futbolistas que suspendió la primera jornada hace unas semanas.

El Barça se presentaba en Anoeta con un clima de euforia descontrolada propiciado por los dos títulos conquistados y la exhibición ante el Villarreal en el Camp Nou. Pero en fútbol dos más dos no siempre son cuatro, y aunque el Barcelona dominó ámpliamente toda la primera mitad y parte de la segunda no supo finiquitar el partido ante una Real Sociedad que apeló a su historia para levantar el encuentro en dos acciones puntuales, y que a partir de ese momento puso contra las cuerdas a un Barça desorientado.

La alineación inicial que puso Pep Guardiola sobre el terreno de juego era más que competitiva, pero se prescindía de hombres como Messi, Iniesta, Abidal, Mascherano, Villa y Puyol, es decir, 6 titulares del año pasado, y a éstos se tiene que añadir la consabida baja de Piqué. Pero si analizamos los nombres que salieron de inicio nos queda un equipo de ensueño, con Keita, Xavi i Thiago en la medular para iniciar el juego, y arriba con Pedro y Alexis por banda y Cesc de falso delantero, es decir, múltiples opciones para el juego combinativo con el triángulo Cesc – Xavi – Thiago y dos hombres buscando permanentemente la espalda de los defensas con continuas diagonales de fuera hacia dentro como son Pedro y Alexis.

El partido empezó con el tempo habitual del Barça, dominio a través de la posesión y consigna clara de buscar la espalda de la defensa adelantada de la Real Sociedad. Enseguida llegaron las oportunidades y con ellas los dos goles marcados por Xavi y Cesc. El primero de ellos fue una preciosa jugada combinativa en la que Cesc puso el balón al espacio para que Alexis se plantara solo ante el portero, y en vez de buscar la definición dio el pase de la muerte para que Xavi pusiera el primero en el casillero. El segundo fue una jugada similar, es este caso Cesc dio muestras de otra de sus virtudes, la búsqueda del espacio, así recibió dentro del área, dejó la pelota a su derecha para que Pedro la empujara, y el rechace del portero le volvió a llegar a sus botas para certificar el segundo gol de la tarde, gol que en esos momentos daba la sensación que no iba a ser el último.

Pero en el fútbol todo cuesta mucho, y si rebajas la tensión cualquier rival te puede complicar el partido. El Barça no dejó de mover la pelota, pero pecó de falta de profundidad, en vez de seguir buscando las ocasiones a través del dominio, como suele hacer, se limitó a conservar la pelota con pases horizontales y bastante conformismo.

A pesar de esto el partido transcurría tranquilo porque la Real Sociedad no era capaz de arrebatarle el balón al Barça, pero dos errores puntuales en dos minutos cambiaron la fisonomía del partido. Y a partir de ahí fue otra historia, ni siquiera la salida de Iniesta y Messi en la segunda mitad cambió el panorama, con una Real ya crecida, mucho más agresiva en la presión y con la ambición de quien siente que está cerca de completar la proeza de batir al gigante.

Al final empate a dos, aviso para navegantes que viene muy bien a principios de temporada y que debe servir para que todo el mundo recuerde que en fútbol siempre hay dos equipos, que corren, luchan e intentan ganar, aunque al final casi siempre se imponga la lógica de que el Barça gane.

Y el martes a disfrutar con el Milan!! Vuelve Ibra, el hombre de los espacios y los agujeros, eh sr. peruga?barça


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