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Los reflexiones teológicas de Tolstói


Bajo este sugerente y provocador título se esconde la reflexión teológica de uno de los mayores pensadores de la historia, Lev Tolstói.

El escritor ruso, autor de obras magnas de la Literatura Universal como Anna Karenina o Guerra y paz, reflexiona acerca de la doctrina cristiana impuesta por la jerarquía eclesiástica en contraposición con sus propias conclusiones extraídas de la lectura de los textos sagrados, visiones completamente antagónicas en las cuales pone de manifiesto las profundas contradicciones en las que está basado el mensaje de la Iglesia católica.

A partir de esas contradicciones Tolstói va hilvanando sus teorías de resistencia y lucha a través de la no violencia, pensamiento que caló muy profundamente en uno de los iconos del siglo pasado, Gandhi, quien llegó a decir:

“El Reino de Dios está en vosotros me abrumó.  Me marcó para siempre. Comprender

su pensamiento independiente, su moralidad y la veracidad de este testimonio, hizo que todos los libros

que antes me había dado Mr. Coates me resultaran insignificantes.”

(Nota contenida en el prefacio de la edición española de “El Reino de Dios está en vosotros”, traducida por Joaquín Fernández – Valdés Roig – Gironella.)

Para Tolstói la perversión más grande a la que había llegado la Iglesia católica respecto a las enseñanzas de Cristo era el no reconocer el mandamiento sobre la” no resistencia al mal con la violencia”. Jesús en todas sus enseñanzas, y primordialmente en el sermón de la montaña, predicó siempre el mensaje del amor al prójimo,  del perdón de las ofensas, de poner la otra mejilla, y ese, precisamente, era el núcleo de su “revolución espiritual”, porque su aparición fue una auténtica revolución pacífica, no violenta y fundamentalmente llena de amor.

Como podía ser entonces que la institución que, “en teoría”, le representa en la tierra pudiera haber hecho una interpretación tan errónea de sus palabras?

Ya antes de Tolstói otras personas se habían hecho estas preguntas, y habían teorizado al respecto, llegando a conclusiones o afirmaciones similares . Un discípulo de Adin Ballou, un defensor del concepto de la no violencia, escribió acerca de la importancia de la vida humana según se mire desde un prisma individual o colectivo. Con este motivo escribía:

“Un individuo no debe matar. Si mata, es un criminal, un asesino. Si eso mismo lo hacen dos, diez o cien personas, también son asesinos. Sin embargo, un Estado o una nación puede matar todo lo que le venga en gana, y esto ya no será considerado como un asesinato, sino como algo grande y noble. Basta con reunir a muchos hombres para que la masacre de decenas de miles de personas se convierta en algo inocente. Pero exactamente cuántos hombres son necesarios para que esto ocurra?…Por qué uno, diez o cien hombres no deben violar la ley de Dios,y en cambio muchos de ellos juntos sí pueden hacerlo?”

Se ha construido muchas teorías  para dotar de legitimidad el hecho de no cumplir este mandato de no violencia, como por ejemplo el argumento de que si eres atacado tienes derecho a usar la violencia para defenderte. Si esto fuera así donde se pondría la línea moral para saber cuando el uso de la violencia está justificado? Qué caso podría no llegar a ser justificado por su ejecutor? Probablemente ninguno.

Triste ejemplo de ello es la “justicia preventiva” que el Gobierno del ex presidente Bush puso de moda. Se había llegado a un escalón superior que permitía cualquier actuación violenta, ya no hacía falta una agresión directa sino que la simple sospecha de que se puede ser agredido legitimaba al Gobierno Americano a actuar con la violencia necesaria y adecuada según su criterio para aplacar esa amenaza. Asumiendo este principio no queda resquicio alguno para aplicar el concepto de la no violencia, pues la “legitimidad” moral que se impone es total y absoluta, todo está justificado, eso si, con la bandera del catolicismo bien alta. Soy católico pero puedo matar, asesinar y usar la violencia siempre que tenga una legitimidad moral, es decir, siempre. Estos comportamientos chocan frontalmente con todo lo que enseñó Jesús de una manera tan simple, sin artificios ni manipulaciones.

En que lugar de las escrituras  aparece escrito que se pueda  responder con violencia? Incluso cuando fue crucificado por los romanos, Jedús pidió el perdón a Dios por aquellos que lo estaban ejecutando. Entonces de donde procede esa flexibilidad con uno de los conceptos capitales de las enseñanzas de Cristo? Por qué  la Iglesia católica ha sido tan laxa o tan promotora en otras ocasiones del uso de la violencia, ya sea como respuesta a una agresión, como “prevención” o como simple defensa de sus intereses?

Cristo fue principalmente un defensor de la vida humana, de la rectitud moral y por encima de todo del amor. Como es posible entonces que ese mandamiento no haya sido el principal activo de la Iglesia católica a lo largo de su historia?

El amor se manifiesta en la vida de mútliples maneras, ninguna es mejor que la anterior o la posterior, toda forma de amor es válida y pura si se expresa desde el corazón y con ella se hace el bien a los demás. Ese amor puede ser filial, fraternal, solidario, conyugal, heterosexual, homosexual…todas son expresiones que nacen del más puro sentimiento, que refuerzan la vida y el mensaje de Cristo y que por ello deben ser protegidas y practicadas.

Tolstói nos dice en su libro, con mucha razón, que al final las exortaciones de todos aquellos que defienden la posibilidad de utilizar la violencia de uno u otro modo, contraviniendo así el mandamiento más sagrado de Cristo, es que si la Iglesia, con toda su autoridad, anitgüedad y santidad ha venido actuando de esta manera como va a ser esto ir en contra de las enseñanzas de Cristo? Lo que no se cuestionan es si las escrituras dicen realmente eso, no se lee lo que está escrito sino lo que otros han interpretado arbitrariamente por nosotros.

De todos los practicantes de las religiones monoteístas los católicos somos los que menos conocemos nuestras propias escrituras, lo que la gran mayoría sabe le viene dado a través de la Iglesia, que se convirtió en garante y mensajera única de Dios. Nadie debía acercarse a las escrituras sin la mediación de un cura, obispo o ministro de la doctrina cristiana cualquiera que fuera su rango, e intentar hacer interpretaciones de los textos se consideraba la mayor de las herejías, una blasfemia que solo podía venir inspirada por el demonio, y que por tanto se debía extirpar de cuajo.

Cuanta gente no ha debido morir a manos de los que deberían haber sido sus principales protectores? Demasiadas.

El problema es que a base de siglos y siglos repitiendo el mismo mensaje con tal dosis de convicción y solemnidad por parte de obispos, arzobispos, diáconos y papas, como se va a creer lo contrario?

Así nos encontramos a lo largo de la historia, y aún en nuestros días, múltiples pruebas de que la Iglesia profesa las palabras de Cristo, pero que en la práctica rechaza su doctrina. Como se explica sino que se hayan promovido guerras por parte de Papas de Roma? Como es posible que haya existido una Institución como la Santa Inquisición que se ha dedicado durante siglos  a perseguir y torturar a todos aquellos que consideraba diferentes o herejes, simplemente por el hecho de pensar diferente? Como es posible que hoy en día no coja la bandera de la paz y se coloque en primera línea de presión contra todos aquellos países que trafican con armas, o sea todos, que comercian con la guerra, que matan en “defensa propia”, que violan sistemáticamente los derechos humanos… como es posible?

Es posible por una simple y llana razón, se han olvidado de quien era Jesús en realidad, solo tienen el recuerdo borroso y desdibujado de las mentiras que se han ido inventado a lo largo de ya demasiados siglos.

Es curioso y contradictorio que la palabra Santa vaya unida a una Institución tan abominable como la Inquisición, y que sin embargo la palabra hereje, con el sentido negativo y peyorativo con la que se entiende, vaya unida a muchas personas que simplemente tenían otras maneras de ver las cosas.

Como todo en la vida no se puede generalizar al 100% sobre nada, y en la propia Iglesia católica hay y han habido multitud de personas maravillosas que encarnan el mensaje de Cristo, que tratan de ayudar a los demás y hacen una labor impagable de sacrificio por los demás, lo que sorprende es que algunos de los personajes más carismáticos de los últimos tiempos hayan sido apartados, sancionados o incluso excomulgados por la propia jerarquía, cuando su comportamiento ha sido y es a todas luces un intento por asimilarse lo más posible a lo que Cristo predicó. Estoy hablando de gente como Pere Casaldáliga, misionero claretiano y una de las caras más visibles de la conocida como “Teología de la liberación”, un movimiento que a grandes rasgos invita a luchar por los pobres, eliminar la explotación, conseguir una liberación económica, social e ideológica, entre otras ideas.

Casaldáliga fue interpelado por Roma por cuestionar las maneras poco democráticas de la Institución, más preocupada por procurarle un sucesor afín a sus intereses que alguien que siguiera la línea trazada por el misionero catalán.

http://elpais.com/diario/1989/09/16/sociedad/621900007_850215.html

Tolstói viene a dar luz a esta y otras muchas cuestiones, aportando una visión alejada de la doctrina oficial, seguramente más cerca de la utopía de lo que desearíamos, pero en la cual deberían reposar todos nuestros deseos de un futuro mejor.


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