De todo un poco y un poco de todo

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Ante tiempos duros el valor de emprender


Que se puede perder cuando no se arriesga? Nada. Y ganar? Obviamente la respuesta es nuevamente nada.

Para ganar siempre tenemos que arriesgar, hacer una apuesta más o menos decidida sobre aquello en lo que creemos y seguir hacia delante a pesar de que todos los que nos rodeen muestren sus dudas ante el proyecto que se ha empezado. Porque ese es el principal obstáculo ante el que se enfrenta cualquier persona que decide iniciar una aventura profesional por su cuenta, la soledad.

El siguiente problema a enfrentar es la crítica, generalmente negativa y pasiva, y digo pasiva porque generalmente no aporta nada, se dedica a desprestigiar, amedrentar o escupir veneno por la boca en busca del sufrimiento o la derrota ajena. Ante tal crítica, que siempre llega, uno debe fortalecerse, crear un escudo protector que le guíe por la senda trazada, acertada o equivocada, pero propia, singular e inimitable.

Estamos en una sociedad competitiva y, sobretodo, muy envidiosa por regla general. Parecemos más preocupados por desprestigiar los éxitos ajenos que por buscar los propios, y es en esa inactividad por buscar un camino propio donde decidimos gastar nuestro tiempo criticando las decisiones y los actos de los demás. Lo que debe sin duda reconocerse es que  es mucho más sencillo criticar lo que hacen los demás que perder el tiempo en pensar por nuestra cuenta, tratando de proponer alternativas o propuestas novedosas que encajen en ese mercado feroz que espera en el exterior.

Una vez superadas esas dos barreras, mentales y sociológicas, se debe tener una estrategia más o menos planificada de actuación, y sobretodo un objetivo final y concreto. Es la búsqueda de este objetivo marcado lo que nos dará fuerzas para seguir en los malos momentos, la que dotará de sentido a todo el proyecto y nos exigirá un esfuerzo más cuando creamos haberlo dado ya todo, ese esfuerzo que marcará la diferencia.

Dice Jose Luis Sampedro, un sabio de nuestra época, que el miedo es la más fuerte de las emociones, superior seguramente al amor y el altruismo. Yo me niego a creer esa aseveración del respetado maestro Sampedro, pues si aceptamos que el miedo es superior al amor, con que esperanza vamos a encarar el mañana?

El amor puro, ese que no exige nada a cambio, ese que se da sin reservas y que llena nuestro ser de toda energía, ese por el que se han sacrificado millones de personas, el mismo que ha cambiado los destinos de incontables vidas humanas, ese amor creador y transmisor de vida es infinitamente superior al miedo, porque éste vive inmerso en la mezquindad, se nutre de la incertidumbre y el recelo, camina de la mano de la mentira y el acoso, duerme con la envidia en una orgía de avaricia, codicia y bajeza moral, y en ese estadio nada puede germinar, todo acaba podrido, inerte y desintegrado.

Como puede algo inerte en consecuencia competir contra la vida que nace del amor?

Y en medio de esa sociedad del miedo en la que vivimos instalados sigue habiendo gente que quiere luchar contra corriente, por sobrevivir, por vivir o incluso por soñar. Desde pequeños se pretende que seamos realistas, los mayores se hartan de decirnos que los sueños son juegos infantiles que debemos desdeñar y condenar como fútiles ñoñerías de los cuentos de hadas, pensamientos que tenemos que erradicar de nuestra cabeza a riesgo de ser unos pobres infelices que acabaremos vagabundeando por las calles lamentando lo mucho soñado y lo poco conseguido.

Pero por qué debería ser así? Por qué soñar tiene esa imagen insulsa y desacreditada? Quizá no conviene que soñemos con lograr nuestras metas, deseos o ambiciones? Quizá sea mejor que no soñemos con tener un mundo mejor, más justo, más equitativo o más humano?

Quizá sea mejor que no lo hagamos por el bien de unos pocos. Pero, y si lo hiciéramos?

Pues este post va dedicado a esa gente que sueña, que tiene una idea y la persigue, esa gente que pone su fe y su esfuerzo por aquello en lo que cree, gente como David Val, creador de dos páginas web que pretenden ser la ingeniosa evolución de anteriores propuestas, Valença Figuera y sus compañeros del Máster de Community management de “La Salle”, creadores de una comunidad virtual de Triatletas, “Boig per tri”, o Josep Maria Cervera, autor de la novela “Elles son la meva sort”, de inminente publicación.

La primera de las páginas de David es   www.unmillondeletras.com , una página que pretende publicitar empresas a un coste ínfimo,  un espacio donde estén muchos a muy bajo coste y que perdure para siempre en el universo de internet. Esta idea surgida hace unos años de la mano del joven Alex Tew, estudiante inglés, que vendía megapíxels a un dólar, y que fue un rotundo éxito, ha sido evolucionada por David, en un intento por ir más allá, por construir sobre lo ya construido, en definitiva, por soñar que era posible ofrecer algo mejor a la gente.

La otra página es www.youtextbox.com, un rincón en el que expresar opiniones, ideas, quejas, artículos o pensamientos, una nueva vuelta de tuerca a la vía twitter, sin limitación de caracteres, pero con la misma vocación global de compartir lo que sentimos en cada momento.

Valença y varios compañeros de viaje más han creado un entorno nuevo, fresco y dinámico en el que todos los amantes del triatlón se encuentren, compartan sus experiencias y disfruten de aquello que más les gusta (www.boigpertri.com ).

Josep Maria por su parte tenía algo que contar,  una historia que va más allá de lo que en ella se explica, es pura vida. Nos guía por una senda que se inicia con la superación del dolor y la pérdida del ser amado, vira en dirección al salón donde reside la pasión, y se instala en el sofá donde reposa la sensación más grande con la que se puede soñar, vivir la vida al máximo sin tener en cuenta que dirán los demás.

Al igual que David, Valença y Josep Maria, más personas siguen soñando con emprender un nuevo camino, quizás incierto, pero apasionante y revitalizador, un camino que se nutre de los sueños y se realiza con nuestros esfuerzos, un camino que es la propia vida, la única que podemos manejar al 100%, la nuestra.

Así que soñemos cada vez más, porque en los sueños nacen las esperanzas de un mañana mejor.


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