Las miradas de la sociedad
El miedo a lo desconocido hace que las personas reaccionemos de maneras imprevisibles, incoherentes y muchas veces peligrosas, tanto para lo que nos rodea como para nosotros mismos. Estamos en una sociedad en la que los prejuicios mandan y aquello que no conocemos nos hace sentir incómodos e inseguros, y como animales instintivos que somos reaccionamos con pavor ante tales situaciones, y ese pavor desemboca en conductas agresivas y de rechazo hacia todo aquello que nos provoca ese sentimiento.
Son tantas las cosas con las que chocamos diariamente que preferimos optar por la solución fácil, y no es otra que la de deshechar al cubo de la basura todo lo raro, en vez de ir abiertos de mente por la vida e intentar empatizar con los demás, de intentar ver las cosas desde diferentes prismas y aceptando que muchas veces la realidad, nuestra realidad, no es la única ni la verdadera, sino que tan solo es una más, condicionada y sesgada por nuestras propias creencias, vivencias, amigos, familia, estudios y posición social.
Rara es la gente que no mira a los demás por encima del hombro y que acepta de buen grado, con ánimo inquieto y curioso al compañero de viaje especial, a aquél que atrae todas las miradas, unas miradas que en más de una ocasión han sido una verdadera arma de destrucción masiva para espíritus frágiles y débiles, que siendo conscientes de su singularidad no han sido capaces de soportar es inquisitiva presión que la sociedad ejercía sobre ellos, distanciándolos aún más del mundo, y consiguiendo que se encerraran en armazones tan severos y rígidos que se convierten en auténticas cárceles en vida.
Nadie tiene derecho a juzgar a los demás, ya que todo juicio es gratuito, parcial y subjetivo, y como tal debe ser tratado, como mera opinión, y no como un estado de opinión inflexible y absoluto como algunos pretenden. Ese comportamiento solo proviene de quien teme a los demás, de quien es tan cobarde que por no tratar de comprender aquello que desconoce se enroca en un comportamiento ultradefensivo que raya la violencia y la estupidez.
Desgraciadamente, a lo fácil se apunta mucha gente, y no hay animal más peligroso que la oveja en medio de un rebaño, porque es sorda, ciega y sumisa, hará todo lo que el rebaño haga, solo hace falta un pastor hábil para que las masas caminen sin vacilación hacia la destrucción de su objetivo.
Hoy y siempre, la humanidad ha seguido a líderes que han sabido sacar partido del miedo, miedo a pensar por nosotros mismos, miedo a tomar decisiones, a aceptar las diferencias de los demás y a conocer aquello que desconocemos, porque el miedo si se sabe instrumentalizar es muy poderoso, hace aflorar nuestros instintos más bajos y desencadena una ola de energía defensiva que es capaz de destruir todo a su paso, lamentablemente en demasiadas ocasiones eso se ha traducido en pérdida de vidas humanas, aniquilación de símbolos, culturas, carácteres y almas.
Las personas deberíamos aprender de una vez que en la diferencia está la virtud, en la variedad el gusto y en lo heterogéneo la belleza de nuestro género, porque si todos fuéramos iguales el mundo sería un lugar en el que no valdría la pena vivir y no habría cabida para el pop y el jazz, el rock o el heavy, la música clásica, el cine de autor, los best sellers, la poesía, el teatro, la danza, la pintura y la escultura, y tantas artes y aficiones como personas hay.
Y es ahí donde reside el verdadero sentido de todo, en ese algo especial que a cada uno de nosotros nos mueve, nos emociona y nos hace vibrar, en ese instante de puro placer en el que emitimos una energía tan auténtica y verdadera que encarna el motor que hace girar el mundo, ese y no otro es el verdadero big bang creador de todo.
Así que abracemos a lo desconocido porque la vida es un baúl lleno de sorpresas, y cada día una oportunidad única de conocerlas, solo hay que estar dispuesto a ello.
Os dejo una canción que refleja este espíritu de una manera fantástica, quien no la habrá escuchado alguna vez…