De todo un poco y un poco de todo

Entradas etiquetadas como “el polifacético

La pasión, el motor de la vida


Hay instantes en la vida que se viven de una manera especial, son pequeños destellos de luz que iluminan nuestro universo y convierten el tiempo en un una variable sin sentido que se retuerce al compás de lo que estamos viviendo.

Esos momentos únicos son como tatuajes impresos en nuestra memoria cognitiva, emocional y sensorial, nos acompañan el resto de nuestras vidas, haciéndonos revivir lo sentido a pesar del transcurrir de los años.

La fuerza motriz de esos momentos es la pasión, esa silenciosa e invisible mano que graba a fuego el recuerdo imperecedero de lo vivido sin el control de la razón.

La pasión es junto al amor la fuerza más poderosa que existe, combinadas son capaces de cualquier cosa que se pueda imaginar y muchas de las que ni siquiera imaginamos. Pero como toda fuerza poderosa también tiene su reverso tenebroso. La pasión no es una cualidad inherente al bien ni al mal, y por tanto es capaz de elevarnos a las más altas cotas de pureza o llevarnos al más ardiente de los infiernos. Demasiados ejemplos de pasión desencaminada llenan los libros de historia.

Pero como vivir una vida sin pasión?

Hay gente que parece deambular de aquí para allá sin ningún atisbo de ilusión, sin ningún sobresalto más allá de su segura pero inerte rutina.

Es eso la vida? La vida es todo lo contrario.

La vida es el anhelo constante por descubrir, por sentir al máximo todo lo que hacemos y traspasar las fronteras de la realidad en la que estamos atrapados. Es ese instante en el que conoces a alguien especial y el corazón te da un vuelco al rozar su mano o besar sus labios.

La vida son todos esos momentos vividos con la sangre corriendo por las venas a toda velocidad, con una mezcla de arrebato y locura. Sólo esta es la que merece ser vivida y ansiada, el resto son burdas imitaciones de todo a 100, se parecen….pero no son lo mismo!

Esa vida es la que está enfrente de nuestras casas dispuesta a ser saboreada hasta la última gota, solo debemos ser valientes e ir a por ella.

La partitura de nuestra vida está por escribir, no importa la edad que tengamos ni el lugar donde nos encontremos, solo importa nuestra actitud ante el pentagrama de los días. Importan todas y cada una de las notas que escribamos en ella, incluso los oportunos silencios, pero sobretodo importa que la pluma trace una melodía que se nos meta en el cuerpo, que nos haga cerrar los ojos y volar a un mundo desconocido de fantasía, en el que lo imprevisible sea nuestra rutina y lo mágico nuestro cobijo.

No es por casualidad que siempre salga mejor aquello en lo que volcamos nuestra pasión. Nuestros mejores proyectos son siempre aquellos en los que ponemos ese punto incierto e indetectable más allá de nuestra mente, ese escalón de más que eleva la calidad de lo que hacemos hasta cotas que nuestra mente por si sola es incapaz de conseguir.

En el mundo falta más gente apasionada que destierre los miedos y los celos, que se atreva a soñar y a luchar por aquello en lo que cree con esa fuerza que nace en las entrañas y cuyo motor es el corazón.

Por qué que es la pasión sino la vida misma?

Passion


El Padrino


Hasta hace una semana todo lo que sabía de “el padrino” es que era un trilogía de culto, una de esas obras eternas que de vez en cuando asombran al mundo y permanece en la memoria de la gente. Quizá por ese peso que lleva consigo siempre me había dado mucho respeto, es como uno de esos volúmenes gruesos de Dostoievski o como el Ulises de James Joyce, los admiras hasta sin haberlos leído porque subyacen en la memoria colectiva de tanta gente que llegan a introducirse en la tuya sin necesidad de conocerlos directamente.

Siempre había pensado que mi momento para verla llegaría, de hecho tenía la trilogía en mi casa desde hace más de un año, cuidadosamente guardada en el cajón donde tengo todas mis películas. La joya se encontraba ya en casa pero el respeto que me imponía hacía que nunca encontrara el momento. Me gustará? No me gustará? No, no puede ser que no me guste….todo el mundo habla maravillas de las películas de Coppola, son una de las obras maestras del cine, por no decir la gran obra maestra, definitivamente no puede ser que no me guste. Cuando estás tan condicionado por la opinión global acerca de una película, libro o cualquier manifestaciñón artística solo haces que desvirtuar tu propia sensibilidad y acercarte a la obra con prejuicios positivos o negativos, lo cual, obviamente, desvirtúa tu opinión de la misma.

No sé porque motivo concreto la semana pasada decidí empezar a ver “el padrino” parte I, quizá me ayudó el hecho de haber visto que en la Paramount le estaban dedicando un ciclo de reemisiones o quizá simplemente algo dentro de mí me dijo que ahora era el momento.

No seré yo quien de una opinión de la película, me iría infinitamente grande el reto, solo puedo tratar de explicar lo que he ido sintiendo a lo largo de estos 7 maravilloso últimos días.

Cuando le di al play hace una semana sabía que estaba empezando a ver un trocito de historia, así que me puse cómodo y me dejé llevar, no hicieron falta más de 15 minutos para que todo lo que me rodeaba desapareciera, ni siquiera me di cuenta en ese momento, pero tenía la sensación de ser un Corleone más, o quizá no, quizá detestaba lo que eran y simplemente los odiaba, pero esa es una de las grandezas de esta trilogía, llegar a querer a unos personajes a pesar de odiarles, u odiarles a pesar de quererles…

Vito Corleone me impuso un respeto tremendo desde el principio, quizá será porque siempre he tenido mucho respeto por la típica figura del cabeza de familia a la antigua usanza, uno de esos hombres de antes, de espaldas anchas, gesto tranquilo y sosegado pero lleno de energía y determinación a la vez, con una voz grave que penetra hasta lo más profundo y una mirada inquisitiva que desnuda todos tus pensamientos.

Y luego todos sus hijos, Sonny, el impulsivo hijo mayor del Don, alguien con carisma, con esa arrebato pasional desenfrenado que se desboca si ve amenada la seguridad de la familia, porque que es sino “el padrino” entre otras cosas, una gigantesca y apoteósica Oda a la familia, ese núcleo en el que todo nace y muere, un lugar en el que sentirse protegido y amado o una trampa de la que es imposible escapar.
Fredo es ese alma en pena, en busca de una gloria que creía suya pero que el destino le arrebató para colocarle en un segundo plano que cree no merecer. Pero como no querer a Fredo…tan frágil y débil que sientes que es quien más protección y amor necesita.

Connie es un personaje que me fue atrapando con el paso del tiempo, la hermana que vive a la sombra de sus hermanos, en el papel que le tenían reservado a las mujeres en esa sociedad tan patriarcal. Alguien que irá evolucionando y encontrando su lugar al lado de Michael, llegando a conseguir un poder difícil de imaginar al principio de la primera parte.

Y como no, Michael, Don Michael Corleone, el sucesor de Don Vito, un Al Pacino tan brutal que te aplasta con su gesto, su mirada y sobretodo sus silencios. Michael es de esas personas que atemoriza más cuando te mira en silencio que cuando te habla, y ese es su verdadero poder y su gran atractivo.

Y que decir de ese estupendo Consigliere en las manos y rostro de Robert Duvall, alguien que es como un hermano, al lado de la familia en todo momento, con una fidelidad que los Corleone valoran por encima de cualquier otra actitud.

Cuando acabé de ver la primera película me sentí inquieto y sosegado a la vez, era de noche y mi comedor estaba en penumbra, casi como si fuera un plano más del despacho de Michael, su prolongación, inquietante y sereno a la vez. Me encantó el plano de la puerta cerrándose ante la mirada temerosa de Kay, sabedora de que su tragedia empezaba en ese instante, el mismo en que oficialmente empezaba la grandeza de Michael. Porque “el padrino” tiene sobretodo eso, multitud de momentos cumbre que se me han quedado grabados en la memoria como si fueran parte de mi propia historia.

En “el padrino” parte II la brutalidad de Michael se desborda con total libertad, pero es una brutalidad pasional y contenida a la vez, calculadora siempre, sabedora de su próximo movimiento.

Como no llorar por la muerte de Fredo en ese plano magistral con el hermano mayor recitando la salve y el hermano menor asumiendo su órden a través del ventanal, con la mirada fija y perdida, rebosando una serenidad de quien no perdona la traición pero asumiendo que ese momento le perseguirá toda su vida.

Y que decir de la música de Nino Rota y del padre del propio Coppola, otra obra maestra que te traslada a una Italia anclada en el pasado, llena de rencor y orgullo, con tintes de tragedia clásica, de perfume violento y pesado que te rodea y te nubla la conciencia. Esa música contiene todo lo que es “el padrino”, es “el padrino” en sí misma.

Con “el padrino” parte III se cierra el círculo, con un nuevo Don en la figura de un Andy García que parece la viva imagen de su padre Sonny y que va adquiriendo el ritmo pausado y calculador de su tío Michael.

Solo puedo decir que, aunque me lo esperaba, ver la tragedia en los ojos de Michael al sostener a su hija muerta me heló la sangre, es plano con Al Pacino gritando con la boca abierta mientras Anthony sostiene a su madre rota por el dolor es el epílogo perfecto a esta historia de crimen y amor, poder y vendetta, avaricia y familia, Italia y América.

Hoy solo pienso en volver a verlas otra vez, en saborear todos los detalles, sabedor que irá revisitándolas tantas veces como sea necesario porque ya forman parte de mí, con una mix de sentimientos encontrados, feliz y eufórico por haber disfrutado de algo maravilloso, y triste porque  no volveré a sentir la misma emoción de verla por primera vez.


Sílvia Pérez Cruz, la pasión en estado puro…


Suele decirse que aquello que hacemos con pasión en la vida es lo único que verdaderamente puede trascender y llegar a conectar con otras personas. La pasión es un sentimiento que hace aflorar aquello que llevamos en nuestro más profundo interior, donde residen las cosas auténticas y puras, aquellas capaces de arrastrar con todo a su paso.

Algunos artistas consiguen emocionarnos precisamente por ese contenido pasional que consiguen proyectar en sus actuaciones, y esa es precisamente la principal diferencia entre los grandes artistas y los que simplemente actúan…por mucha calidad que tengan.

Una de esas artistas que desborda pasión por los 4 costados es Sílvia Pérez Cruz, la joven cantante catalana me tiene embrujado con su arte, su sencillez a la hora de interpretar, su cálida voz a medio camino entre el flamenco, el jazz y el bolero, pero sobretodo por la energía que transmite en cada interpretación.

Silvia Pérez Cruz es de esa clase de personas que te atrapan con cada gesto, con cada palabra, y cuya mirada te hipnotiza transportándote a un mundo en el que la emoción recorre tu piel y tu corazón se agita inquieto y nervioso ansiando prolongar esa sensación hasta el infinito.

En definitiva, ella es pura dulzura y encanto, pasión en movimiento!

Os dejo una versión fantástica de “Veinte años” y “Temps perdut”, que la disfrutéis!


Que duro es ser guapo, rico y buen jugador!


A alguien le han sorprendido las declaraciones de Cristiano Ronaldo?

Personalmente creo que no  puede extrañarnos, solo cabe repasar todo lo que el portugués ha ido manifestando desde que llegó a España para darse cuenta de que el jugador del Madrid no ha engañado a nadie, él siempre se ha mostrado ante las cámaras como es, y por tanto no entiendo a que viene tanto revuelo con lo que dijo el domingo, en mi opinión es solo un gesto más del niño malcriado y egocéntrico que es.

CR7 vive en su propio micro mundo, ese en el que todo el mundo que le rodea le dice lo guapo, fantástico, maravilloso, atlético, goleador y perfecto que es, por tanto no es de extrañar que todo lo que no sea oír eso de boca de los demás le suene a afrenta imperdonable. Para un tipo como este, y no es el único en el mundo del fútbol (Ibrahimovic es otro claro ejemplo), lo fundamental es él, el resto de cosas y personas vienen detrás. Que si yo he marcado 151 goles y no 150, “entérate”, que si yo merezco el balón de oro, que si yo soy el primero, segundo y tercer mejor jugador del mundo, que si soy más alto y más fuerte, que si….

Pero ha habido muchos que han alimentado el ego del jugador portugués por su ansia de buscar un antídoto a Leo Messi y la excelencia del juego del Barcelona. En el mundo futbolístico internacional no hay prácticamente nadie que no sea portugués o del Madrid que discuta que Messi es el mejor jugador del mundo, comparable solo a los 4 mitos del pasado como son Pelé, Maradona, Di Stéfano y Cruyff, y eso son palabras mayores.

Cristiano es un jugador espectacular, con unas cualidades físicas y competitivas fuera de serie, y por ello debe ser reconocido como lo que es, uno de los jugadores más determinantes de los últimos 20 años, pero no por ello deja de estar, en mi opinión, uno o dos peldaños por debajo de Messi, un jugador al que le sale el fútbol  por todos y cada uno de sus poros, con una inteligencia táctica y sentido colectivo del juego infinitamente superior al de Ronaldo.

La prensa madrileña que hoy y ayer ha amanecido estupefacta e indignada con las palabras de su máxima estrella deberían reflexionar si no son en parte culpables por haber elevado a los altares a un jugador que no quiere a nadie más que a él mismo, esa es la bandera que quieren para su club? Allá ellos, pero dudo que muchos aficionados madridistas se sientan identificados con ese estandarte.

Casillas si representa todo lo bueno y tradicional que siempre ha representado el Madrid, Raúl lo representaba como nadie, un jugador por el que siempre he sentido una admiración especial, y tantos otros…pero no este portugués engreído y chulesco que no sabe ni en que mundo vive ni el club al que representa. En una época en que tanta gente lo está pasando mal él está triste porque no le pagan suficiente o no recibe los premios, que él, y solo él, cree que merece, mamma mía…!!!

Algo parecido pasará con el señor Mourinho, otro tipo tan detestable como Cristiano, que tampoco engaña a nadie más que a quien quiere ser engañado en pro de agarrarse a alguien que acabara con el reinado del Barcelona, al precio que fuera. Y el precio está siendo muy alto. Llegará el día en que Mourinho haga lo mismo que Cristiano y deje en la estocada al Madrid, porque lo primero es él, lo siguiente también, y lo último, como no, también es él.

Me encanta el fútbol y soy del Barcelona, pero hay cosas que pasan por encima de mis colores, y son el sentido común y el respeto por los demás, y estos dos personajes no tienen ningún respeto por el fútbol ni por el club al que representan. En el Barcelona también han pasado y pasarán personajes tóxicos para el fútbol, con esto quiero decir que nadie escapa a malas elecciones, la cuestión es saber detectarlo a tiempo y solucionarlo, ambos clubes han sido, son y serán grandes mucho más allá de cualquier personaje y creo que no merece la pena el peaje que gente como Cristiano, Mourinho y Pepe están haciendo pagar al Real Madrid, club que sin ellos ha ganado muchísimos títulos, y que con ellos apenas cuentan con una Copa, una Liga y la recién ganada Supercopa, escaso botín para 3 años de crispación, chulería y malos modos.

En fin, está por ver como se soluciona esta crisis institucional que el niño ha hecho estallar, pero me parecería indigno y patético que se le premiara con una renovación de contrato a alguien que es un auténtico privilegiado y que cobra lo que los demás no ganaríamos en 1.000 vidas.


El hijo de la novia


La televisión actual es una gran bola de mierda que no hay por donde coger, mires donde mires solo encuentras infames programas que van dando cancha a personajes salidos de la nada, y que en consecuencia, eso es lo que aportan, nada.

Siempre hay honrosas excepciones, y entre ellas enmarcaría a los canales de tdt  Paramount channel y La sexta 3. Estos dos canales dedicados en exclusiva al mundo del cine han sido 2 regalos inesperados en medio de tanta basura digital.

Hace un par de días emitieron “El hijo de la novia” en uno de esos canales, la conmovedora película argentina, una de esas joyitas sencillas, sin aditivos ni colorantes, pura verdad y sentimiento. Es una historia deliciosa, impregnada de serena naturalidad, esa de la que está hecha la vida.

Rafael, el personaje interpretado por Ricardo Darín, es una persona absorbida por el estrés y la ambición del día a día, propietario de un restaurante que levantaron sus padres y que no considera enteramente suyo. Y es que todo en la vida de Rafael parece en permanente conflicto y tensión, con un desequilibrio que le va mermando la salud y le hace replantearse su manera de enfocar las cosas.

En el otro plano tenemos a su padre Nino, ese hombre maduro capaz de amar de una manera tan pura que asusta. Son antológicos los diversos discursos que hace Nino sobre su esposa Norma.

Los argentinos tienen esa manera de hablar tan peculiar que parece que cualquier cosa sobre la que estén hablando cobre una dimensión especial por el mero hecho de expresarlo tal y como lo están expresando. A algunos les puede parecer pedante, a otros cansino o embaucador, y de hecho en muchos casos puede llegar a serlo, pero no en este. Nino habla con una ternura casi a la par de la que desprenden sus ojos cuando mira a Norma, esa manera de hablar es poesía pura.

El trabajo de Ricardo Darín y Héctor Alterio es increíble, ambos están inmensos en sus papeles de padre amante e hijo rebelde. Por cierto, Ricardo Darín tendrá algún mal papel algún día? Me parece imposible, que grande que es!

Sin duda una película bonita con todas las letras, con un humor cotidiano y natural que pone el contrapunto a la dureza con que la vida te golpea de vez en cuando.

Que la disfrutéis!

 

 

 


Creemos en algo?


Hace unos meses acudí a una celebración religiosa y me quedé sorprendido por la inquietante pasión con la que las gentes que allí se encontraban expresaban su fe.

El edificio parecía resquebrajarse como una hoja seca al son de las voces de los fieles cantando o recitando los versículos de la Biblia. Me impactó el efecto que el eco de tantas voces juntas puede producir en una persona. Es como si todas esas ondas te traspasaran en mil direcciones, con una fuerza extraña que te hace estremecer.

Es curioso el sentimiento que puede producir un colectivo de gente unido en pro de una creencia común. Es como una ola de energía invisible que fluye poderosa y arrebatadora, como un tsunami que arrastra todo aquello que encuentra a su paso contagiando una fuerza atrayente.

La mayor parte de gente que estaba en esa iglesia eran de origen sudamericano, un continente aún fuertemente ligado a la fe católica y sus ritos. Es casualidad que notara esa fuerza singular en esa iglesia? Habría notado algo igual en una celebración con mayoría de españoles o de europeos?

Supongo que habrá grupos que transmitan tal fuerza y magnetismo en sus manifestaciones colectivas, pero reside aún en nosotros ese espíritu de hermandad? O hemos girado la cabeza hacia otro lado?

Por otro lado, es positiva esa uniformidad de mensaje? Esa colectividad tiene fe por lo que le han explicado o porqué después de buscar e interrogar ha concluido que ahí reside el verdadero mensaje?

En nuestros tiempos tengo la sensación de que ese fervor colectivo solo se puede encontrar en nuestro país en conciertos de rock o acontecimientos deportivos. Hemos ido sustituyendo los mitos divinos por los mitos carnales, y los mensajes históricos por las historias pasajeras y cotilleos.

Y que es mejor?

El borreguismo es el mismo, ya se siga a un Dios o a una rock star de una manera autómata, sin pensar, sin cuestionarse las cosas.

La única diferencia en mi opinión radica en el hecho de que en los momentos difíciles una rock star o un ídolo deportivo no tienen base suficiente para sostener un espíritu hundido, sin embargo un mensaje que ha sobrevivido al paso del tiempo si puede tener los cimientos suficientemente sólidos como para sostener a un alma atormentada, aunque solo sea por el famoso inconsciente colectivo de Jung, que hace que tengamos asociados ciertos significados a los diferentes símbolos religiosos.

El único camino válido en mi opinión es el que cada uno se marca a si mismo, ese que requiere un esfuerzo por descubrir e interpretar aquello que se nos va presentando por la vida. Mensajes prefabricados y dirigidos hay cientos, siempre los ha habido y siempre los habrá, son inherentes a las esferas de poder, y son precisamente esas esferas, religiosas, económicas, empresariales y políticas, las que rigen el mundo, las que deciden que debemos creer en cada momento, quienes son los buenos y los malos, y las que cuentan con los altavoces y sistemas de propaganda más sofisticados y potentes, tanto que es casi imposible escapar a su eco.

Pero ese es el reto que tenemos cada uno, desoír lo que se nos impone, lo que se da por supuesto, en pro de una búsqueda personal que nos lleve a encontrar nuestro equilibrio y nuestra fe en aquello verdadero que subyace en el mundo, sin imposiciones ni presiones la verdad tiende a salir a la superficie, solo es cuestión de escarbar un poco.

 


Bandas sonoras de nuestra vida VIII: Jurassic Park


A principios de los 90 Steven Spielberg volvió a sorprender a la industria del cine resucitando a los dinosaurios de una manera tan espectacular que hizo avanzar el mundo de los efectos especiales un paso más allá.

Los gigantes y casi mitólogicos animales de la prehistoria pasaban a formar parte de nuestra cotidianidad por obra y milagro del mago Spielberg, un visionario que ha ido trufando de mitos cada década desde que inició su carrera allá por los años 70. El llamado Rey Midas de Hollywood ha ido sembrando su carrera con momentos mágicos elevados a la categoría de divinos gracias, en parte, a la sabia y cuidada elección de sus bandas sonoras, muchas de ellas a cargo del maestro John Williams.

Viendo la primera escena en que Sam Neill y Laura Dern ven a los dinosaurios, la música de John Williams no hace sino acercarnos la emoción que los dos pleontólogos pueden sentir al ver aquello que tanto han amado desde jóvenes, dándonos una muestra de la inmensidad del momento.

Los violines van agudizando su sonido, alargando las notas en un ascenso de intensidad al que se suman los tambores, es como si el ritmo del corazón de los paleontólogos fuera in crescendo hasta llegar al éxtasis en el momento en el que aparecen los primeros brontosaurios ante sus ojos y el eco de la música inunda el plano tanto o más que los propios animales.

Una banda sonora deliciosa y elegante, espero que la disfrutéis!


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 50 seguidores